“Instrúyanse, porque necesitaremos toda nuestra inteligencia. Conmuévanse porque necesitaremos todo nuestro entusiasmo. Organícense, porque necesitaremos toda nuestra fuerza.” A.Gramsci.
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CUBA Y EL COMUNISMO

lunes, 30 de julio de 2012


CUBA Y EL COMUNISMO

Por Darío Machado Rodríguez [1]



Álvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia, en la presentación en La Paz del libro “Revoluciones desde Abajo”, reivindicó el sustantivo “Comunismo” y lo hizo en estos términos: “¿Qué decía Marx? ¿Qué es el socialismo? ¿Qué es el comunismo?. No es un ideal que conciben cuatro amigos en un café, en un Manifiesto, no es el programa de Pulacayo, ni es el programa del 70, ni es el Programa de Gotha; es el movimiento real de la sociedad que se desenvuelve ante nuestros ojos y que supera lo existente.”[2]


El comunismo es el movimiento real, pero es también un horizonte, un propósito inédito en la humanidad, que se ha constituido y construye como ideal por las contradicciones, las desigualdades y las injusticias a lo largo de su historia y que se constituye en ciencia, en la época del capitalismo. No existe, por tanto, una contradicción entre el comunismo como movimiento real, como ideal y como ciencia, aunque sí lógicamente diferencias.

Es el movimiento real, que se nutre hoy de las contradicciones del capitalismo tardío insalvables dentro de la lógica de ese sistema y del avance de la conciencia de la humanidad; es ciencia, porque a partir del surgimiento del marxismo y del descubrimiento del núcleo de contradicciones del sistema capitalista, se echaron las bases teóricas para coadyuvar positivamente a su superación y es ideal porque no es realidad aún en ningún rincón del planeta, es algo por lo que hay que luchar. 

Naturalmente, como afirma García Linera, no es un ideal inventado por unas cuantas personas, porque su existencia futura no está ni puede estar predeterminada en cuanto a como será, sino solo en lo que no será, que es lo que puede verse hoy en el sistema capitalista y que argumenta la necesidad de su superación. Su realización tiene que ser el resultado de ese movimiento real. El hecho trascendental del marxismo de haber puesto en evidencia las contradicciones principales del capitalismo, su modo de existencia, sus consecuencias, proporciona las bases para concretar acciones dirigidas a su superación; por tanto, no solo el movimiento, sino también, la ciencia del comunismo y el ideal, son procesos necesariamente cambiantes, cuya articulación y rearticulación requiere de la acción humana. Creo que en ello radica, entre otros aspectos, la insistencia de Fidel Castro en la importancia de las ideas, de la batalla de ideas.
Ahora bien, la elaboración de una ciencia del comunismo de alcance universal tiene en el conocimiento del capitalismo, de sus contradicciones y realidades, solamente el saber respecto de lo que es preciso superar, pero no la teoría ni el programa de su superación que tiene determinaciones históricas locales, nacionales.

Si entendemos la ciencia del comunismo, como el conocimiento no solo de las contradicciones y realidades existentes en una sociedad dada, sino también y principalmente el estudio de las condiciones, los caminos y objetivos posibles para su superación positiva en una nación, en una cultura humana concreta, y aunque la expansión mundial del capitalismo equipara en diferente medida las realidades locales, vista la ciencia no como saber en sí, sino como mediación positiva para el cambio, una ciencia del comunismo en Cuba (de la transición socialista), será naturalmente anticapitalista por definición, pero tendrá que elaborarse específicamente para las condiciones particulares de la sociedad cubana y desarrollarse junto con la experiencia misma de la superación del capitalismo, del que presiona desde afuera y del que hay adentro.

Lógicamente, también ello aporta a una ciencia universal del comunismo, la cual se nutrirá de las experiencias particulares del movimiento real que le otorgarán cientificidad. En el siglo XIX, Marx y Engels vieron las posibilidades de superación del sistema en el movimiento real que se produciría en los países capitalistas desarrollados de la mano del proletariado que habría cobrado conciencia de clase para sí y,  más o menos al unísono, lógica que luego se extendería inevitablemente a la periferia como hecho universal, total.
La historia demostró que las cosas no ocurrirían así.



¿Socialismo en un solo país? (I)

Durante el siglo XX tuvo lugar la Gran Revolución Socialista de Octubre, iniciándose un proceso paralelo, por una parte la creciente influencia de las ideas del socialismo en el mundo y, por otra, el aprendizaje del capitalismo para perpetuar su sistema. En este proceso se produjeron acontecimientos mundiales extraordinarios, las crisis del sistema capitalista, la desaparición del sistema colonial, la victoria sobre el fascismo en la Segunda Guerra Mundial, la revolución en China, el surgimiento del Sistema Socialista de Europa del Este, el surgimiento de la OTAN y posteriormente del Pacto de Varsovia, la creación de la ONU, la revolución cubana, entro otros.
Cuando se produce la revolución de octubre en Rusia, ya las ideas socialistas habían comenzado a influir entre los trabajadores cubanos. El proceso de expansión del capitalismo amplió exponencialmente el intercambio de información entre los terrícolas. Entraron en las Américas las ideas del Iluminismo y de la revolución francesa y, más tarde, las del marxismo.

Tanto las ideas liberales de la revolución francesa, como después las socialistas del marxismo tuvieron ecos de diferente magnitud en la conciencia y en la práctica de los cubanos porque existían procesos locales que condicionaron su asimilación y articulación, nutriendo de argumentos y acelerando la concientización de los actores populares y las acciones en defensa de sus legítimos intereses.

En la última década del siglo XIX ya se promovía entre los trabajadores cubanos el estudio de las ideas socialistas revolucionarias, el marxismo comenzaba a entrar en Cuba, al unísono con el desarrollo y crecimiento de las ideas y esfuerzos independentistas y las luchas por los derechos de los trabajadores.

Las primeras inquietudes de emancipación revolucionaria de los trabajadores vinieron de la mano del anarquismo y del anarcosindicalismo. El desarrollo del imperialismo, la intervención norteamericana, el surgimiento de la república mediatizada, pondrían a prueba las ideas del marxismo y las luchas que siguieron serían la fragua en la que se enriqueció la ideología revolucionaria cubana al calor de la fusión de la lucha por la independencia nacional con la lucha por la emancipación social.

Las ideas del marxismo y su expresión en las formas organizativas de los trabajadores y del pueblo dinamizaron las luchas populares en la primera mitad del siglo XX. La lucha contra la dictadura de Gerardo Machado fue una fragua para el avance de las ideas socialistas. Más tarde, y contra los gobiernos antiimperialistas de turno, en particular la tiranía pro imperialista de Fulgencio Batista, el marxismo continuó su gradual extensión e influencia. El líder de la generación del centenario y sus principales referentes eran martianos y marxistas. Fidel Castro lo explica así a Ignacio Ramonet: “Si nosotros no hubiéramos estudiado el marxismo –esta historia es más larga, pero solo le digo esto-, si no hubiéramos conocido por los libros la teoría política de Marx y si no hubiéramos estado inspirados en Martí, en Marx y en Lenin, no habríamos podido concebir la idea de una revolución en Cuba, porque con un grupo de hombres, ninguno de los cuales pasó por una academia militar no puede hacer usted una guerra contra un ejército bien organizado, bien armado e instruido militarmente, y obtener la victoria partiendo prácticamente de cero. Tales ideas fueron la materia prima esencial de la revolución.”[3]

El marxismo, a pesar de toda la campaña contra las ideas socialistas y comunistas, promovida por el maccarthismo y la guerra fría y de la persecución de la oligarquía criolla y los gobiernos corruptos contra los líderes obreros y revolucionarios, tenía presencia en Cuba y había fundamentado el desarrollo de formas organizativas numéricamente pequeñas, pero de gran disciplina, abnegación y espíritu de lucha.

Al triunfar la revolución en 1959, los planos y niveles mediante los cuales la influencia de las ideas marxistas se revelaban en nuestro país eran naturalmente los más diversos, pero la ideología revolucionaria socialista era un vivo y activo embrión con grandes potencialidades para desarrollarse, pero naturalmente no era la ideología dominante ni podía serlo; a las mayorías ciudadanas[4] les resultaba lejano, cuando no ajeno o negativo ese pensamiento.

Fueron las leyes revolucionarias, el vigoroso impulso a la educación, la rápida apertura de espacios a la participación ciudadana en todos los órdenes, la confianza en el pueblo, la actitud de los jefes y miembros del Ejército Rebelde y de la clandestinidad y la comunicación ideológica y política generada por el liderazgo de la revolución, en particular por Fidel Castro, las que fueron obrando el necesario cambio de mentalidad, hasta hacer comprender que los males que aquejaban a Cuba eran producto del sistema capitalista dependiente y que solo podría enrumbarse hacia su solución verdadera mediante cambios radicales en el metabolismo socioeconómico y en el ejercicio de la política en el país.

La trasformación de la mentalidad del cubano fue de tal rapidez y envergadura, que en apenas dos años, las palabras socialismo y comunismo pasaron de ser abominadas a resumir el ideal de emancipación y dignificación del ciudadano común.

En la base del cambio estaban las realidades nacionales, las contradicciones e injusticias del capitalismo dependiente. Todo un movimiento cultural político de colosal envergadura, en el que se entremezclaban sucesivos pasos ascendentes en la educación del pueblo, las experiencias crecientes en la actividad de la producción y la defensa, los enormes desafíos que implicaban la intolerancia y agresividad imperialistas, el ejercicio del poder ciudadano, la transformación radical que puso los medios de comunicación social al servicio del pueblo, la incorporación masiva a las tareas transformadoras de la revolución, constituyó el eje del anclaje de la ideología socialista en las mayorías ciudadanas. En pocos años el socialismo era el ideal universal de los cubanos.

Fueron años también en los que la URSS y los países socialistas marchaban a pasos agigantados alcanzando importantes logros en la producción, en la defensa y en las investigaciones científicas fundamentales. Muchos países del llamado tercer mundo se liberaban del yugo del colonialismo.
No se discutía entonces si el socialismo era posible en un solo país, ese debate había quedado archivado desde que el proceso de su construcción en la hoy desaparecida Unión Soviética que había derrotado al nazifascismo alemán en la 2da. Guerra Mundial y se levantaba como ave Fénix de sus cenizas, estaba demostrando en la práctica que no solo era posible, sino que se irían sumando nuevas experiencias socialistas en el mundo, aunque la inmensa mayoría en países de escaso desarrollo económico y tecnológico y ninguna en un país con alto desarrollo capitalista.
A finales de la década de 1980 y principios de la de 1990, a Cuba, cuya sociedad había pasado por diferentes experiencias de organización socialista del metabolismo socioeconómico del país, y en un proceso de extensión del predominio de la ideología socialista, le esperaba el mayor de los desafíos, que esta vez no vendría de la mano del imperialismo norteamericano, sino de la debacle del socialismo en Europa del Este y la URSS, cuyos efectos sobre Cuba se sumarían inevitablemente a las agresiones y bloqueo económico de los EEUU.

La desaparición de la URSS y del campo socialista de Europa del Este
Entre las acusaciones repetidas a lo largo de décadas de propaganda contra el comunismo, está la de denunciarlo como un sistema que somete a los individuos a su despersonalización, que los iguala sustrayéndoles su voluntad, los uniforma en el actuar y hasta en el vestir y en los gustos, les quita la libertad y la creatividad.

Lo cierto es que ninguna sociedad humana ha alcanzado el ideal comunista, ni siquiera el socialismo y su irreversibilidad, mientras que la homogeneización de la humanidad, la imposición de un pensamiento único, la despersonalización de los individuos ahora vulgares consumidores, la universalización de patrones de consumo, gustos estéticos y modo de vida, la dictadura del mercado, venían justamente de la mano del capitalismo tardío.

Pero mientras la propaganda imperialista tergiversaba el ideal comunista, se recrudecía el bloqueo tecnológico contra el campo socialista, las agresiones solapadas y el debilitamiento mediante la carrera armamentista, los países socialistas que finalmente colapsaron no contaron con las masas para defender el socialismo. Muchos ya han adelantado sus criterios sobre el colapso del socialismo, solo quiero destacar que los pueblos de la URSS y de las democracias populares del Este de Europa no defendieron un poder que realmente no tenían. El modo con el que se organizaba la experiencia socialista en esos países, nunca estuvo diseñado así ni podía estarlo en el pensamiento de los clásicos del marxismo, quienes tampoco especularon (eran científicos sociales) sobre el futuro, más allá de adelantar algunos rasgos generales de una necesaria transición.

La teoría de Marx señalaba la necesidad de un agotamiento de la capacidad de las relaciones de producción de asimilar el desarrollo de las fuerzas productivas, para que se generara una época revolucionaria, mientras que la Revolución de Octubre fue el resultado de un conjunto de agudas contradicciones sociales, de una opresión inicua contra el pueblo, de un agotamiento insoportable como resultado de la primera guerra mundial y de un estado intolerable de abuso, pobreza y miseria, en medio del cual Lenin y quienes compartieron su visión decidieron enrumbar sus esfuerzos por un difícil y riesgoso camino para tomar el poder, cuando Rusia estaba muy lejos del desarrollo capitalista. Pero la historia demostró que la decisión era justa.

La revolución rusa, la toma del poder político no eliminaba ni podía hacerlo la relación contradictoria entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción, pero la colocó en otra perspectiva por la acción consciente del sujeto social.
Al imponer desde el poder político relaciones de producción exentas de la explotación del trabajo asalariado por el capital anuló el fundamento de la contradicción trabajo-capital liberando así colosales magnitudes de energías creadoras de los trabajadores para avanzar en el desarrollo de las fuerzas productivas, pero ahora junto con un necesario proceso de transformación cultural cuyo final previsible era la satisfacción de las necesidades de los trabajadores, la justicia social, el colectivismo, la solidaridad, la cooperación.

El desafío interno y externo de la revolución rusa de octubre de 1917 fue enorme y también lo fueron los adelantos que alcanzaron guiados por el poder soviético y el ideal comunista. Más allá de los errores de la ignorancia [5] y el atraso, y de las insuficiencias lógicas de una teoría de la construcción del socialismo, camino inédito para la humanidad, la URSS llevó adelante grandes planes de electrificación e industrialización, generó un desarrollo material y espiritual capaz de asimilar el gigantesco desafío de la invasión de la Alemania nazi e imponerle la derrota, cargando con el peso principal en los costos humanos y materiales de esa conflagración mundial.
En la posguerra, los soviéticos levantaron de nuevo su país, su influencia creció en el ámbito europeo y mundial y con ello las ideas socialistas.

Sin embargo, también es una realidad que si bien la URSS hizo importantes saltos en el desarrollo de la industria básica y la agricultura mecanizada, alcanzó un alto nivel en las investigaciones fundamentales y en sus medios defensivos al punto de neutralizar las tentaciones del capitalismo mundial de destruir manu militari ese experimento socialista, en la URSS arraigó el verticalismo, no se desarrolló la democracia socialista, se cometieron abusos de poder, no lograron una teoría eficiente de su transición socialista, algo que tampoco alcanzaron otros países socialistas de Europa del Este, donde no necesariamente funcionaría lo que se estaba haciendo en la Unión Soviética. Recordemos aquella frase el XXII Congreso el PCUS: “Esta generación vivirá en el comunismo”.

El ejercicio del poder político, el edificio jurídico, la organización y la economía no podían anclar en la sociedad con el esquema impuesto, cuando la ciudadanía misma necesitaba otro medio social para desarrollarse satisfactoriamente. Las posibles soluciones experimentales a través de una amplia, activa y consciente participación social que nutrirían el desarrollo de una teoría eficiente de la construcción socialista estaban impedidas por la separación entre la ciudadanía y el poder político, que a la postre resultó letal.

La conquista del poder político, si bien permite una gestión consciente para adelantar el desarrollo y hacerlo con criterios racionales compatibles no solo con los seres humanos, sino también, con la naturaleza, con el medio ambiente, no puede, so pena de un enorme desgaste, desafiar realidades que son inherentes a la sociedad en transición socialista, en el intento de avanzar más de lo posible y de un modo más arbitrario que científico. Y es precisamente ahí donde ha habido improvisación en más de una experiencia de orientación socialista. Desde la política y la orientación ideológica se puede mucho, pero no se puede todo. Lo posible define los límites de lo necesario y la determinación de lo posible no es una apreciación arbitraria, individual o grupal, se requiere de un enfoque científico, de una teoría general de la transición socialista que fundamente los programas de acción.

Lenin había alertado más de una vez oportunamente acerca de que el primer deber de toda revolución es defenderse. Pero esa defensa solo sería efectiva si descansa en los hombros de los trabajadores. Fue efectiva cuando la urgencia de una amenaza militar externa imperialista y racista y la inminencia del peligro de muerte acompañaron con el patriotismo la defensa del poder político. El Estado multinacional soviético desarrolló una capacidad militar superior y sus armas, sus leyes y su organización blindaron al enorme país contra la agresión exterior, pero el desconocimiento de las necesidades más íntimas de su propia gente, el alejamiento y extrañamiento del poder, la excesiva centralización y verticalismo que apagaron el entusiasmo y la creatividad, la presencia de privilegios para los dirigentes y funcionarios y la enajenación no superada, además de errores en la política de las nacionalidades que proclamaba a destiempo que ya existía un “nuevo pueblo soviético”, minaron por dentro el socialismo que terminó con su implosión bajo la enorme y múltiple presión del capitalismo internacional.

Los acuerdos de Helsinki 1975 habían sido definidos entonces por la URSS como demostración de la fortaleza de sus posiciones y como reconocimiento jurídico del socialismo. Pero a la luz de las enseñanzas de la historia cabe preguntarse si las bases de esos acuerdos podían ser aceptadas desde una perspectiva genuinamente revolucionaria y si debieron ser discutidas otras bases, sin obviar lo que debía ser a todas luces rectificado.

Naturalmente, desde los poderes fácticos nortecéntricos del capitalismo internacional se aprovechó al máximo lo que estaba ocurriendo presentándolo como la demostración de la pretensa desnaturalización del ideal socialista y comunista, el fracaso del marxismo y consecuentemente, la demostración de la perdurabilidad e inevitabilidad del capitalismo. No es menos cierto que lo iniciado con el socialismo en un solo país terminó en el reflujo hacia el capitalismo de las experiencias socialistas. Pero también es cierto que de la mano de la profunda crisis múltiple del capitalismo se ve un creciente movimiento popular anticapitalista, un renacer de las ideas socialistas y una relectura activa del marxismo.




¿Socialismo en un solo país? (II)

La sociedad cubana resistió las consecuencias de la desaparición del socialismo en Europa del Este y la URSS. Los costos materiales y humanos del período especial son de difícil evaluación, pero es indiscutible que por largos años en los que las ideas socialistas sufrían un indiscutible reflujo, Cuba las mantuvo el tiempo suficiente para vivir su renacer, en particular en Latinoamérica y el Caribe.

Ahora bien, si consideramos la respuesta a la pregunta del título bajo la premisa de un ideal de socialismo pleno, de algo acabado e irreversible, entonces es obvio que en la actualidad no es posible a corto o mediano plazo. De hecho cabe pensar que mientras a escala planetaria no se produzcan transformaciones sociales que inclinen la balanza a favor de la superación del régimen capitalista, un socialismo así no es posible, tampoco en Cuba, y su proclamación entusiasta no es políticamente viable, ya que solo generará críticas porque no es alcanzable. Siempre he afirmado que el socialismo en Cuba es realidad, ideal y experimentación y que no hay un modelo predefinido que tenga que realizarse indefectiblemente.

Reconocido lo anterior, a la luz de las realidades actuales, la pregunta del título habría que ampliarla: ¿Si no es posible el socialismo pleno a corto o mediano plazo, vale la pena seguirlo intentando?

Puede formularse de otro modo más explícito si se aprecia el problema como el dilema entre retroceder al capitalismo dependiente o continuar buscando las fórmulas eficientes para organizar el metabolismo socioeconómico de la sociedad en su conjunto sobre la base de los principios socialistas (me refiero básicamente al predominio de la propiedad social sobre los medios de producción de bienes y servicios, infraestructura y recursos naturales, al papel del Estado en la organización de la actividad económica, organizativa, política y cultural del país, al papel de la ideología socialista, de la planificación, del antiimperialismo, de la política exterior de principios, de la democracia socialista y participativa).

La respuesta solo puede ser afirmativa y no simplemente por una elemental reacción motivada ideológica y políticamente sino básicamente por un balance de costos - beneficios.
El retroceso al capitalismo dependiente significaría el regreso al predominio de la propiedad privada sobre los medios fundamentales de producción de bienes y servicios, la desaparición del Estado socialista, la población quedaría totalmente a merced del mercado, sería imposible desarrollar un programa propio de nación que tenga en cuenta todos sus territorios, que sea equilibrado, amigable con la naturaleza, justo y que responda a los intereses de las grandes mayorías ciudadanas, se produciría el retorno a la funesta politiquería y a la demagogia, sería el deterioro y fin de las políticas sociales, el incremento exponencial de las diferencias sociales, la fragmentación acelerada de la sociedad, la mercantilización de la educación y de la salud pública, la desprotección de la niñez y de la tercera edad, la desaparición de los planes de desarrollo científico y tecnológico convenientes y necesarios para el país, el incremento de la mortalidad infantil y materna, el debilitamiento y desaparición del sistema de la defensa civil contra los desastres naturales y el papel del Estado en la recuperación, la deformación y corrupción de los medios de comunicación, la imposibilidad de defender los recursos naturales, de evitar el deterioro del medio ambiente, los crecientes obstáculos para proteger y desarrollar la identidad cultural que se verá a merced de los patrones del capitalismo tardío y del pensamiento único, el incremento del delito y de su peligrosidad, de la corrupción en todos los órdenes, de las mafias, de la drogadicción, el acrecentamiento del individualismo y del egoísmo, la pérdida de la tranquilidad ciudadana, el debilitamiento y desaparición de las colaboraciones internacionalistas cubanas, un debilitamiento del proceso de integración regional, habría un enorme retroceso ético, la lista de costos sería interminable.

Los eventuales beneficios, no podrán estimarse como los vemos en la sociedad cubana, porque el concepto mismo de beneficio se vincula hoy en Cuba con la equidad y la justicia social. El mismo concepto de bienestar estaría entre los principales costos.

Los primeros aprovechados de un retroceso al capitalismo dependiente serían las transnacionales, el imperialismo norteamericano y sus servidores, los explotadores, los anexionistas, y los que se ubiquen como minoría privilegiada a costa de las grandes mayorías. El sueño de una acrecida clase media en un país subdesarrollado y dependiente en manos de las transnacionales es solo eso: un sueño. Entre los probables beneficios estaría la desaparición del bloqueo económico de los EEUU, pero ello servirá ante todo a quienes en tales circunstancias tengan la propiedad sobre los medios fundamentales de producción y servicios, al pueblo llano llegarían las migajas, como ocurría antes de 1959.

Por eso, cuando la finalidad estratégica de la liberación social se ve amenazada mortalmente por la acción violenta de la contrarrevolución, la defensa de esa finalidad liberadora solo puede mantenerse con la vigilancia necesaria y la acción revolucionaria en la confrontación clasista, lo que se expresará en las acciones del Estado, las leyes y la ciudadanía participativa.

Una lógica elemental indica que para Cuba, donde el poder político responde a los intereses de las grandes mayorías, y las instituciones políticas, ciertamente requeridas de modernización, están vigentes y mantienen sus potencialidades, y donde están vigentes las políticas sociales fundamentales, el dilema verdadero no es si retroceder al capitalismo o continuar el rumbo socialista, sino cómo continuar la orientación socialista, como contrarrestar la influencia del capitalismo, alejarse sistemáticamente de él, de sus múltiples redes y tentáculos, y cómo atemperar los ideales a las posibilidades, cómo reorganizar el metabolismo socioeconómico para que estimule la reproducción de la iniciativa y la creatividad en todos los órdenes de la vida social, como profundizar la democratización de la sociedad, o sea, cómo asegurar el derecho de las grandes mayorías ciudadanas a participar y decidir, cómo movilizar las potencialidades productivas del país y aprovecharlas en favor de las grandes mayorías ciudadanas.

De nuevo sobre la ciencia del comunismo

Si no fuera tan a menudo subestimada no sería necesario reiterar que la construcción del socialismo requiere de teoría. El camino socialista no es solamente un ideal, una ciencia y el movimiento real, es también en el caso de un país como Cuba una mediación eficiente para el desarrollo económico a la vez que para aprender el nuevo modo de vida. Pero cada paso debe responder a una concepción integral desarrollada sobre bases sólidas que tenga en cuenta las variables necesarias.

La sociedad cubana que ha vivido una experiencia única a partir de la segunda mitad del siglo pasado está todavía lejos de alcanzar las condiciones materiales y espirituales que la califiquen para poder definirla como una sociedad socialista plena. La política de la revolución es socialista, el poder es del pueblo, el ideal es socialista y hay importantes características socialistas en el país, Cuba es socialista, pero en Cuba no hay un socialismo pleno.

Ha quedado bien claro que no basta con el acto jurídico-político de suprimir la propiedad sobre los medios de producción de bienes y servicios para que estos sigan después produciendo con eficiencia, luego de lo cual se organizaría una distribución con justicia del producto social.
Con ese acto jurídico-político se corta de raíz una relación (importante, sí, pero no única) del metabolismo socioeconómico hasta entonces en curso: la relativa al derecho del capitalista a la propiedad, a la explotación del trabajo ajeno y a las ganancias que representa la plusvalía que obtiene, pero quedan otras realidades, cuya superación no es ni puede ser igual de rápida, sino lenta y gradual, se configurará una situación nueva, inédita, cuya observación y seguimiento necesita de estudio sistemático y enfoque teórico conceptual, para anular la improvisación y aminorar en lo posible el error.

El cambio es de tal envergadura que toca prácticamente toda la vida de la sociedad, lo que hace imposible describir la infinitud de su alcance y manifestaciones. Basta señalar que los nuevos dueños colectivos nunca aprendieron antes a organizar la producción, manejar la economía, el control, la contabilidad, tomar decisiones, que surgen ahora nuevas realidades como lo tocante a las motivaciones para producir, el desafío que plantea un nuevo modo de distribución del producto social, que habrá hostilidad política del capital internacional, por solo señalar algunos temas que considero relevantes.

No solo la complejidad del mundo hoy en crisis, sino y fundamentalmente el hecho de las insuficiencias del desarrollo del país, a lo que se suma el bloqueo norteamericano, hablan a todas luces de un largo camino en Cuba con una economía mixta, en la que participarán formas diversas de propiedad, que irán desde la propiedad social gestionada por el Estado, hasta la pequeña propiedad privada, pasando por las asociaciones, las cooperativas, las empresas mixtas y algunos emprendimientos con un 100% de capital privado extranjero.

Lo anterior significa que el sistema de dirección de la economía que cobijará esa complejidad tiene que articular la propiedad social socialista que es y será predominante y los restantes tipos complementarios de propiedad y estructurarlas en sistema.

La eficiencia en la planificación que haga el balance de la economía nacional está en el reconocimiento de los diferentes tipos y formas de propiedad, por lo que la planificación y el control que desarrolle el sistema de regulación del metabolismo socioeconómico de la sociedad cubana en transición socialista deberán responder a una estructura de subsistemas de características diferenciadas, articulados por el Estado.

Dos elementos son esenciales en esas circunstancias: uno estriba en que si bien la propiedad privada grande, mediana o pequeña tendrá una influencia en la economía y a través de ella también en la subjetividad de la sociedad, donde no tendrá influencia alguna es en lo tocante al poder político, ese que ha sido conquistado y defendido por el pueblo trabajador y que es garantía de la transición socialista, el otro elemento se refiere a la Constitución y leyes del Estado Socialista, que conforman las bases del ordenamiento jurídico de la coexistencia de diferentes tipos y formas de propiedad, las cuales se constituyen con arreglo a la juridicidad establecida, encargada de asegurar el derecho, desigual como todo derecho, que garantice el espacio a los diferentes tipos de propiedad y, a la vez, la legalidad que asegure los derechos fundamentales de todos los ciudadanos y ciudadanas del país.

Por ello, es fundamental que la teoría del socialismo de cuenta especialmente de la correlación entre el metabolismo socioeconómico y la educación, la formación cívica, ética, política y jurídica que encarnan los valores de la ideología revolucionaria socialista.

Cuando afirmamos arriba que la sociedad cubana no tiene aún las condiciones materiales y espirituales para un socialismo pleno, nos estamos refiriendo en lo material al desarrollo económico-productivo, tecnológico, científico, a la infraestructura del país; cuando hablamos de las condiciones espirituales, subjetivas, nos referimos principalmente a la persistencia de la psicología de intercambio de equivalentes y al menoscabo del trabajo como valor por la pérdida de sentido del valor del trabajo que se ha producido como resultado de no haber tenido en cuenta esa psicología, algo ahora agravado por el hábito perverso de “resolver” las necesidades individuales a costa de los recursos que pertenecen a todos los ciudadanos, pero también unos individuos a costa de otros.

En la larga transición socialista no puede desconocerse el interés individual, so pena de que este se mimetice y realice de las más diversas formas irregulares. Recordemos que Lenin calificaba las primas, en tanto estímulo material a los trabajadores, como una práctica insoslayable en la transición y cuya eliminación solo podía imaginarse en el futuro comunista.[6]

Hay quien sostiene la idea que la liberación real del hombre (puede leerse el socialismo pleno y el comunismo) requiere tanto de un elevado desarrollo de las fuerzas productivas, como de un proceso internacional de transformaciones que la respalde.

Ciertamente los efectos negativos sociales de las diferencias inobjetablemente existentes serán contrarrestados por un nivel razonable de suficiencia productiva, que puede traducirse como una abundancia vista racionalmente, pero incluso esta está comprometida hoy de modo puede decirse trágico por la criminal depredación de los recursos de la naturaleza gracias a la lógica absurda del capitalismo tardío. Sin educación, sin formación, sin ética, sin ideología será imposible organizar la vida humana actual y futura sobre nuevas bases, no solo porque el edificio del socialismo no puede construirse con la arquitectura capitalista fundada en la creación de necesidades artificiales, el consumismo y el afán de lucro a cualquier costo -si bien requiere hoy de elementos de su ingeniería-, sino porque los recursos serán cada vez más escasos, el medio ambiente está más resentido y amenazado catastróficamente y será imprescindible un nuevo concepto de bienestar y de felicidad, que se fundamenta en un consumo racional, responsable y saludable.

Aun necesitada de las relaciones mercantiles la sociedad en transición socialista tiene que prestar atención prioritaria a contrarrestar las relaciones humanas mediadas por las mercancías y hacerlas cada vez más directas, mediadas por los valores socialistas[7], relaciones humanas en el más cabal sentido de la palabra.

En cuanto a las condiciones internacionales propicias para un socialismo pleno, no hay manera de predecir cuándo se producirán, pero aun en las actuales condiciones el socialismo imperfecto, inacabado, es incomparablemente más humano que el capitalismo.

El desarrollo de una teoría eficiente de la construcción socialista requiere de integrar armoniosamente a los seres humanos entre sí y a estos con la naturaleza y eso es algo que no puede lograrse solamente con medidas económicas; son imprescindibles la ideología y la política, la ética, la educación.

El comunismo como ideología

La superación del capitalismo es la transición socialista y este objetivo es imposible sin la ideología socialista y comunista. La transición socialista vista como actividad humana, como práctica, es un proceso consciente en el que los ciudadanos, los grupos, organizaciones, instituciones de la sociedad que de conjunto articulan el sujeto del cambio, adoptan –en diferentes grados y formas- una actitud correspondiente en general con los objetivos consensuados. La acción coherente, cohesionada del sujeto social múltiple, articulado y naturalmente diverso es funcional al cambio porque la base de la sociedad reproduce intereses compartidos, las estructuras políticas y jurídicas los amparan y el sistema de ideales, objetivos, conceptos, valores socialistas y comunistas articulan al sujeto múltiple en su diversidad y diferencias y es el fundamento del programa de acción en lo económico, lo organizativo, lo jurídico, lo político, lo social, lo cultural.

El papel de la ideología es consustancial al propio cambio. El proceso de surgimiento y desarrollo de la ideología revolucionaria se produce por ser una necesidad de la actividad humana consciente. Los valores revolucionarios nacen en el proceso de liberación humana y experimentan una sinergia que los identifica, articula y finalmente sistematiza. Una vez que la sociedad reconoce y estudia su existencia y desarrollo en tanto sistema funcional a los propósitos revolucionarios de liberación social, la ideología revolucionaria deviene poderoso instrumento de educación, orientación, articulación de voluntades, organización, cuya negación a ultranza debilita y puede anular el desarrollo de la transición.

El estudio de sus cambios, es imprescindible para que ella mantenga su funcionalidad como instrumento de las transformaciones revolucionarias. El estudio de la ideología revolucionaria, de su génesis, contenido, desarrollo, regularidades, papel social, etc. pasa a ser objeto de la actividad científica, y forma parte del saber necesario para el desarrollo de una teoría de la transición socialista en Cuba.



 
Soy comunista, toda la vida...

Así cantaban los guerrilleros italianos y los comunistas de todo el mundo en unos años en el que cundía un enardecimiento que presagiaba un impulso histórico al ideal comunista, la canción decía también “...y comunista he de morir”. Luego reapareció en Cuba a principios de la década del 60 del pasado siglo y después en el 68 parisino Pareciera que el epílogo de la revolución de octubre acabó con aquel entusiasmo, pero ahora una multitud de nuevos fantasmas comunistas está recorriendo el mundo, los reproduce la quiebra inevitable del capitalismo, su incapacidad para escapar de sus contradicciones y tragedias, su fatal ilusión de la eternidad, el mito de la salvación tecnológica del sistema.

Solo si no se logran ver los síntomas de su bancarrota histórica puede calificarse de triunfalista o de pura utopía el párrafo anterior. No lo es porque la profunda crisis múltiple del sistema es cierta y porque no se asignan plazos a priori, ni se definen pasos predeterminados para los cambios, algo que sería pura especulación. Lo que sí es a todas luces visible es que con los gigantescos recursos empleados en la propaganda pro capitalista, en la guerra cultural, si bien han logrado obstaculizar el avance de la historia, no han logrado el milagro de evitarlo.

Ahora bien, no se habla aquí del comunismo como de un esquema de algo que tiene que producirse de un modo dado, inevitablemente, o como la doctrina política de una organización, de un partido, sino como lo reiterado por Álvaro García Linera, el movimiento real que supera lo existente, un proceso en el que las ideas y la teoría jugarán su papel junto con los acontecimientos y la acción consciente. Y es hora de la ofensiva socialista.



[1] Licenciado en Ciencias Políticas, Diplomado en Teoría del Proceso Ideológico, Doctor en Ciencias Filosóficas, Profesor e Investigador titular del Instituto Internacional de Periodismo José Martí donde preside la cátedra de Periodismo de Investigación y es vicepresidente de la cátedra de Comunicación y Sociedad.

[2] Isabel Rauber, “Revoluciones desde abajo. Gobiernos populares y cambio social en Latinoamérica”, Ediciones Continente, Buenos Aires, 2012.

[3] Ignacio Ramonet, “Cien horas con Fidel”, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2006, p. 153.

[4] Podrían reconocerse los grupos siguientes: los que tenían mayor cercanía a la literatura marxista, leyeron parte importante de su obra y conocieron sus diferentes aspectos históricos y lógicos, los que tenían acceso a esa literatura y además conocieron la experiencia socialista de la URSS y otros países socialistas, los militantes del Partido Socialista Popular, simpatizantes, líderes obreros, que recibían las ideas en forma de programas políticos, crónicas y análisis hechos por los anteriores, los que tenían alguna lejana noción de lo que era el socialismo y el comunismo, los que ganados por la propaganda anticomunista y la demonización del socialismo y el comunismo, rechazaban estas ideas, etc.

[5] Por ejemplo los efectos medioambientales el desarrollo de la URSS han sido grandes, pero en aquellos años los estudios ecológicos apenas mostraban algunos avances.

[6] “Aún cuando nuestro objetivo final sea lograr la igualdad de remuneración para todo trabajo y el comunismo integral, no podemos proponernos de manera alguna implantar esta igualdad de inmediato en el momento presente, en que damos nada más que los primeros pasos para la transición del capitalismo al comunismo. De aquí que sea necesario mantener durante cierto tiempo una más elevada remuneración para los especialistas, para que puedan trabajar mejor, y no peor que antes, y por la misma razón tampoco podemos renunciar al sistema de primas para el trabajo más eficiente, en especial en el trabajo organizativo; las primas serán inadmisibles en el sistema del comunismo completo, pero en el período de transición del capitalismo al comunismo no es posible prescindir de las primas como lo atestiguan la teoría y la experiencia de un año de Poder soviético.” (V. I. Lenin, OC en 55 tomos, Editorial Progreso, Moscú, 1986, T. 38, pp. 106-107.)

[7] En otros trabajos he tratado con amplitud este cambio, aquí solo anoto que si bien en la transición socialista, las mercancías tienen características diferentes, estas se siguen produciendo, solo que el valor de uso de estas pasa a ser la finalidad principal de su producción, no las ganancias, aunque estas últimas juegan un papel regulador en el metabolismo socioeconómico.

Fuente Aporrea

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TODOS LOS CAMINOS DEL REFORMISMO

martes, 29 de mayo de 2012

TODOS LOS CAMINOS DEL REFORMISMO

Todos los caminos del reformismo conducen al capitalismo. Un clásico sentenció: “Si no existiera el reformismo ya la Revolución Mundial sería un hecho”. Es así, y aunque parezca paradójico, el principal obstáculo para la revolución es el reformismo que necesariamente la habita. Si revisamos la historia encontraremos abundantes muestras que soportan esta afirmación. Veamos.
 
En Rusia faltó poco para que, después de derrotada la monarquía en febrero, el espíritu reformista que era casi unánime, arropara la insurgencia y en lugar de una Revolución se hubiesen quedado en reformas superficiales que protegieran la explotación, sólo maquillando el  rostro de un sistema decadente. Tuvo que llegar Lenin para dirigir la marcha revolucionaria y concretar la Revolución en Octubre.
 
En Cuba la lucha contra el reformismo arranca desde los días de la Sierra Maestra , y se agudiza con la crisis de Urrutia y la renuncia de Fidel.
Estas dos Revoluciones siguieron su camino victoriosas porque temprano derrotaron las veleidades reformistas. Supieron correr el riesgo de los cambios profundos.
Aquí entre nosotros la lucha contra los reformismos es una constante histórica. Partidos revolucionarios tenían para la década del cincuenta y siguientes, por mandato internacional, la línea de alianza con la supuesta burguesía, de esa manera posponían la Revolución , se confinaban al reformismo.
 
Más reciente tenemos la historia del MAS y del PPT, partidos que nacen con retórica revolucionaria, pero con planteamientos económicos reformistas, fragmentadores, en el fondo protegen la propiedad capitalista. Terminaron en el bando francamente capitalista, donde son activos agentes contrarrevolucionarios.
Esta es una característica del reformista: hábil en la retórica revolucionaria que le permite contrabandearse en los procesos revolucionarios, y simultáneamente celoso defensor de la propiedad capitalista, inventa diez mil vericuetos para protegerla.
 
En estos días el recurso más usado en la defensa de la propiedad capitalista es separar la producción de la distribución, de esta manera postulan: no importa quién produce, ni la propiedad de los medios de producción, lo importante es que cubra necesidades sociales y que “venda barato.” 
 
La construcción socialista en condiciones pacíficas es inédita y difícil: la convivencia con el sistema burgués exige rigor en la elaboración teórica y en la práctica, es necesario estudiar y meditar los rumbos tácticos. Las armas melladas están activas con su carga de conciencia capitalista, se corre el riesgo de, como decía el Che, errar el camino.
Varios rasgos de la realidad se van perfilando en la práctica como leyes de la Revolución Pacífica , las experiencias históricas las confirman. Es importante tenerlas en cuenta.
 
La principal ley que las resume a todas, es ya un dogma: tener fe en el Socialismo. Sólo formas Socialistas podrán construir Socialismo, pensar en que éste pueda surgir de formas capitalistas es cuando menos una ingenuidad que traerá grandes desilusiones.
 
Siempre una forma económica nosocial, multiplicará por muchísimo la conciencia egoísta que genera. Entonces, usar  la renta para construir economía capitalista, es formar los verdugos del Socialismo, es criar cuervos.
 
¡Con Chávez siempre!

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La Internacional

jueves, 3 de mayo de 2012

LA INTERNACIONAL

Arriba, parias de la Tierra!
¡En pie, famélica legión!
Atruena la razón en marcha:
es el fin de la opresión.


Del pasado hay que hacer añicos.
¡Legión esclava en pie a vencer!
El mundo va a cambiar de base.
Los nada de hoy todo han de ser.

Agrupémonos todos,
en la lucha final.
El género humano
es la internacional. (Bis)

Ni en dioses, reyes ni tribunos,
está el supremo salvador.
Nosotros mismos realicemos
el esfuerzo redentor.

Para hacer que el tirano caiga
y el mundo siervo liberar,
soplemos la potente fragua
que el hombre nuevo ha de forjar.

Agrupémonos todos,
en la lucha final.
El género humano
es la internacional. (Bis)

La ley nos burla y el Estado
oprime y sangra al productor;
nos da derechos irrisorios,
no hay deberes del señor.

Basta ya de tutela odiosa,
que la igualdad ley ha de ser:
"No más deberes sin derechos,
ningún derecho sin deber".

Agrupémonos todos,
en la lucha final.
El género humano
es la Internacional. (Bis).

 http://www.youtube.com/watch?v=UjW9qh0kyFg


La letra de La Internacional, el himno de los trabajadores del mundo,  fue extraída del poemario  Cantos  Revolucionarios, escritos en 1871 por el francés Eugenio Porttier durante la Comuna de París, cuando durante 72 días “los trabajadores tomaron el Cielo por Asalto”, al decir de Carlos Marx.
En 1888 el también francés Pierre Degeyter musicalizó el poema y se convirtió en el himno oficial de la Segunda Internacional. Se cantó en público por primera vez el 23 de julio del propio año en una reunión de la Junta Sindical de Vendedores de Periódicos de Francia.
Más tarde, el 8 diciembre de 1896, la Internacional es asumida como el Himno Oficial de los socialistas franceses en el Primer Congreso General de esa agrupación, celebrado en París. De ahí no pasó tiempo hasta que el movimiento revolucionario y obrero del mundo adoptara la combativa marcha como su estandarte de lucha en cada una de las jornadas que ha venido librando a través de la historia. El 3 de noviembre de 1910, el Congreso Internacional de Copenhague lo entroniza como himno de todos los trabajadores del mundo.
En 1919 Lenin lo apoya para la Tercera Internacional y será el himno nacional de la Unión Soviética hasta 1943.

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El Partido Comunista Alemán debe trabajar para las masas

lunes, 10 de octubre de 2011

Entrevista con su presidenta, Bettina Jurgenssen


El Partido Comunista Alemán (DKP) es fiel continuador del Partido Comunista de Alemania (KPD), fundado en el año 1918. El DKP ha transitado junto a su pueblo difíciles etapas históricas como la llegada del fascismo.
Durante su primera visita a Cuba la presidenta del DKP, Bettina Jurgenssen, conversó con Granma sobre la labor de la organización, y la relación que une a la misma con nuestro país.

¿Cómo valoraría el trabajo del partido actualmente?
Nuestro partido discute cuestiones políticas, como la valoración que se tiene del capitalismo en la etapa actual, y su transformación neoliberal, además de analizar la crisis mundial económica. En nuestro último documento aprobado, partimos del hecho de que esta crisis puede ser transitoria o definitiva, pero va más allá de las crisis cíclicas del capitalismo.
Otro asunto tratado es cómo movilizar a las masas dentro de Europa, y el papel que jugaría el DK dentro de este movimiento. También debemos difundir las ideas marxista-leninistas. Desde luego, en el orden práctico nuestro principal trabajo es apoyarnos en las necesidades de las personas, y sus condiciones de vida, para lograr su participación dentro de nuestro partido.
El 30 de octubre el partido realizará una conferencia teórica, para discutir todas estas cuestiones, y mantener actualizado el trabajo. Será un evento para analizar las bases teóricas con las que trabajaremos.

Las recientes noticias dan cuenta de un resurgir de un movimiento fascista, ¿a qué cree usted que se debe?
El Partido Nacional de Alemania (NPD), es el partido fascista más grande de nuestro país, y hay muchas organizaciones grandes y pequeñas que están luchando porque sea prohibido. Aunque también existen grupúsculos de corte radical, que utilizan el manto de ser agrupaciones de jóvenes autónomos, y confunden sus verdaderas intenciones. Los fascistas tratan de llegar al fondo de los derechos básicos de las personas para reclutarlas. Una de las ideas que más se han dedicado a difundir estas organizaciones es que los extranjeros quieren quitarles los puestos de trabajo a los alemanes, y esto puede calar en las personas que no tienen suficiente preparación. Los fascistas en nuestro país y en otras partes de Europa, han ganado en votantes, e incluso integrado los parlamentos, lo que es un peligro, sobre todo en este tiempo. La crisis es aprovechada de forma oportunista por el fascismo.

¿Qué acciones realiza el DKP para combatir estos movimientos?
Organizamos demostraciones en su contra. En ese sentido hay un movimiento amplio donde comunistas, socialistas, cristianos y autónomos se unen para, por ejemplo, lograr que si los fascistas van a hacer una manifestación, esta sea prohibida por las autoridades del lugar y en el caso de que no alcancemos este objetivo, hacemos nuestra propia concentración allí, bajo la máxima de que el fascismo no es ninguna opción, es un crimen y los crímenes hay que prohibirlos.

¿De qué forma debe trabajar la izquierda europea ante esta crisis mundial?
Las fuerzas de izquierdas europeas deben fortalecer sus exigencias y sobre todo, representar las demandas de los ciudadanos, que son los que en definitiva pagarán esta crisis, y no debe ser, por lo que debemos unirnos para defender los derechos sociales. Es importante no dejar de recalcar y explicar que el capitalismo llevó a esta crisis, con la cual los ricos no van a convertirse en pobres, sino que van a ser cada vez más ricos, y los pobres cada vez más pobres. Tratamos de ampliar la resistencia y organizarnos a través de redes, que incluyan a los sindicatos, a los jóvenes, a todos en general.

¿Cómo valora las relaciones entre el DKP y el PCC?
Las relaciones entre ambos partidos son muy solidarias, amistosas y sinceras. Durante mi visita he tenido conversaciones con un grupo de compañeros que me han aclarado muchas cosas. Esto también me ha servido para darme cuenta de que la solidaridad con Cuba debe seguir fortaleciéndose, por la importancia histórica que tiene la Revolución en la construcción del socialismo.
Cuba constituye un ejemplo para continuar desarrollando nuestro trabajo.

MAYTÉ MADRUGA HERNÁNDEZ

Publicado en Granma

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DECLARACIÓN POLÍTICA DEL XXXIX PLENO DEL C.C. DEL PARTIDO COMUNISTA DE VENEZUELA (PCV)

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Caracas, 08 nov. 2010, Tribuna Popular TP.- El XXXIX Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Venezuela (PCV), sesionó en Caracas los días 6 y 7 de noviembre de 2010, con la participación de los miembros del Comité Central, los Secretarios (as) Políticos de los Comités Regionales del PCV y la Comisión Ejecutiva Nacional de la Juventud Comunista de Venezuela (JCV), desarrollando un profundo análisis de la situación política nacional e internacional pos elecciones parlamentarias del 26 de septiembre pasado.
A continuación damos a conocer en forma íntegra, la declaración política emanada por el Comité Central acodada en el XXXIX Pleno.


DECLARACIÓN POLÍTICA


El XXXIX Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Venezuela (PCV), sesionó en Caracas, el 6 y 7 de noviembre de 2010, con la participación de los Secretarios Políticos de los Comités Regionales del PCV y la Comisión Ejecutiva Nacional de la Juventud Comunista de Venezuela (JCV), examinando la situación política nacional e internacional, referenciada por la campaña electoral culminada el 26 de septiembre ­que el PCV caracterizó como batalla política, ideológica y de masas-, fijando las tareas inmediatas a cumplir, de acuerdo con las exigencias del proceso revolucionario en curso y las nuevas condiciones políticas del país

La situación internacional está definida por la agudización de la crisis estructural del capitalismo y por la implementación de las medidas que los gobiernos y parlamentos, especialmente europeos, vienen adoptando en perjuicio de las y los trabajadores, a quienes se les recortan salarios, pensiones, prestaciones sociales y demás conquistas históricas, con el objeto de favorecer al sector financiero responsable de tal situación, teniendo como respuesta la creciente movilización general de las y los trabajadores. El XXXIX Pleno del Comité Central, expresa su solidaridad internacionalista con la lucha de los pueblos del mundo contra la agudización de las políticas neoliberales y resalta el creciente papel del Movimiento Comunista Internacional.

En América Latina y el Caribe, se mantiene ­con flujos y reflujos- la contraofensiva del imperialismo norteamericano para intentar detener el proceso de cambios que procura avanzar, con el destacado papel que ha venido jugando el gobierno nacional de Venezuela. El XXXIX Pleno del Comité Central, hace un llamado a nuestros pueblos para incrementar las capacidades de defensa y respuesta popular-revolucionaria ante las pretensiones de hacer retroceder los progresos en Latinoamérica y el Caribe, para lo que debemos avanzar en el Frente Continental Antiimperialista.

Culminadas en Venezuela las elecciones nacionales parlamentarias, el pasado 26 de septiembre, el PCV y la JCV realizaron en todos sus organismos de base y de dirección, un profundo análisis de estos resultados y del cumplimiento de las tareas trazadas por el Comité Central. Este análisis es de gran importancia porque en el proceso electoral se reflejaron las tendencias económicas, políticas y de clase que van tomando cuerpo y definiendo qué fuerzas sociales han de mantenerse en el poder y cuáles no.

El PCV hizo importantes esfuerzos para consolidar una alianza Socialista-Comunista ­como núcleo de una alianza popular mucho más amplia- y contribuir en el objetivo de lograr una mayoría de 2/3 en la nueva Asamblea Nacional para las fuerzas revolucionarias. Hubo fuertes dificultades para consolidar la alianza y la mayoría conquistada fue inferior a la meta planteada.

Se constata un avance de las fuerzas reaccionarias, apoyadas por el imperialismo, aprovechando nuestras fallas y debilidades. El proceso viene sufriendo un peligroso desgaste, que de no revertirse a tiempo, pudiera causar enormes dificultades para mantener el ritmo actual de cambios e, incluso, un retroceso histórico.

Entre las causas determinantes de este desgaste, se encuentran que sectores de la pequeña burguesía y de las capas medias están asumiendo un dominio hegemónico en el proceso político y se consolidan como una elite burocrática, desde las instancias del poder estatal y gubernamental, reproduciendo ­y en algunos casos avivando- una cultura de la gestión pública con vicios y falencias, tales como: el despilfarro, el burocratismo, el nepotismo, la corrupción, la carencia de eficaz control y contraloría social, la falta de planificación centralizada de la economía, y el asistencialismo como método para ganarse la voluntad inmediata de las masas, de manera clientelar, sin crear en ellas la conciencia revolucionaria que las comprometa en las tareas de la revolución.

Hay que acumular fuerzas para avanzar hacia la conquista del objetivo estratégico del Socialismo. La realidad es que actualmente la sociedad venezolana, su base económica, sus relaciones sociales de producción, incluso el sistema político dominante, es de naturaleza capitalista. La fase actual de la revolución bolivariana sigue siendo, en lo fundamental, de liberación nacional. Aun no se está construyendo el Socialismo, hay que crear las condiciones para ello, y en especial hay que construir el instrumento popular-revolucionario, unitario y colectivo de dirección, para impulsar la correlación de fuerzas en la sociedad, favorable a la clase obrera y demás fuerzas sociales que objetivamente necesitan el socialismo y pueden asumir conscientemente la lucha por tal meta histórica.

La votación del PCV ha tenido un modesto crecimiento, pero que cobra cada vez mayor importancia. Sin el aporte de votos del PCV, no se hubiera logrado la mayoría expresada en la sumatoria de la votación a escala nacional, lo que hubiera dado a la oposición mayores ánimos y nuevos argumentos para procurar la interrupción del proceso bolivariano. La contribución del PCV es cada vez más decisiva para el afianzamiento y la profundización del proceso venezolano.

El análisis de los resultados, por ejemplo, en Caracas, Portuguesa, Cojedes y Guárico demuestra que una alianza perfecta de todas las fuerzas que impulsamos la vía revolucionaria nos hubiese asegurado un triunfo aplastante, al doblar la votación de los partidos opositores. La insuficiente amplitud de la política electoral del PSUV, no permitió un mejor resultado, que se hubiera logrado producto de la unidad de acción con todas las fuerzas del proceso.

El Partido Comunista de Venezuela, en su Programa vigente, aprobado por nuestro VI Congreso (1980), expresa claramente que ³La Unidad Popular es para los comunistas una concepción estratégica². Hemos reiterado insistentemente en estos años ­y lo seguiremos haciendo, por cuanto es una necesidad vital para el proceso revolucionario-, que se precisa dar los pasos para la construcción de la dirección colectiva y unitaria. Resaltamos en nuestro XII Congreso (2006) la ³Šnecesidad de darle forma orgánica al bloque amplio de fuerzas sociales y políticas, en un Frente Amplio Nacional Patriótico, que asuma la dirección unitaria de la actual fase de la revolución.², y que ³Es necesario insistir en que la naturaleza de esa nueva instancia debe ser diferente a la de sus predecesoras, en cuanto debe ser permanente y no coyuntural, con visión estratégica y no restringida a la arena electoral.².

El Frente Amplio Nacional Patriótico, con predominio de la clase obrera y demás fuerzas políticas y sociales consecuentemente revolucionarias, sería el germen del órgano de dirección política del proceso revolucionario, que debe constituirse en todos los ámbitos sociales y niveles territoriales, como instancia de Poder Popular que oriente las actividades de la población en las diversas tareas políticas, económicas, sociales, militares, de seguridad y defensa que requieren de este instrumento a efectos de enfrentar a la burguesía pro-imperialista que pretende continuar explotando a nuestro pueblo, y para avanzar en desmantelar el Estado burgués y construir el nuevo Estado popular y democrático.

El PCV, una vez más, expresa su respaldo al proceso de nacionalizaciones y recuperaciones de empresas por parte del gobierno nacional bolivariano, particularmente cuando se trata de desmontar el poder de grupos monopólicos y oligopólicos, contrarios al establecimiento de una economía al servicio del interés nacional y popular. Reiteramos la necesidad de extender y profundizar tal proceso de nacionalizaciones al sector de la banca y las finanzas y demás sectores estratégicos de la economía. Pero, nuevamente, también planteamos la urgencia de que tales decisiones sean consultadas, debatidas y ejecutadas con las y los trabajadores y con las masas populares en general, a los fines de darle fuerza y legitimidad a esas acciones. El método burocrático y administrativo utilizado en las decisiones y ejecuciones de nacionalizaciones de empresas no permite a la revolución pasar a la ofensiva de masas, para fortalecerse en su confrontación con la derecha proimperialista. Las nacionalizaciones y expropiaciones revisten un auténtico carácter revolucionario si son protagonizadas por la clase obrera y el pueblo trabajador en general, pues la lucha contra el capital monopólico tiene que ser necesariamente una lucha obrera y popular, una lucha de masas, una lucha ideológica, para la democratización de la economía, para la socialización de la riqueza y la satisfacción progresiva de las necesidades de todo nuestro pueblo.

Insistimos en que para el avance del proceso revolucionario hacia la construcción del socialismo, se requiere que en todas las empresas públicas se establezca un nuevo modelo de gestión de las mismas, basado en el control obrero y social, en el marco de una planificación nacional de la economía, para que las tradicionales relaciones capitalistas de producción sean sustituidas por las relaciones socialistas de producción, libres de explotación y de opresión. Por tales motivos, los colectivos laborales de tales empresas deben proceder a organizarse en Consejos Socialistas de Trabajadores y Trabajadoras, para la participación protagónica en el control de la planificación, producción, administración y distribución de los bienes y servicios en beneficio de toda la población.

El PCV manifiesta su rechazo a las prácticas antisindicales que suele desarrollar la patronal del sector público y privado, incluyendo la oprobiosa criminalización y penalización de las luchas que asumen dirigentes sindicales y delegados(as) de prevención. Debe ser política central de la Revolución Bolivariana respetar y hacer respetar los derechos colectivos a la sindicalización y a la negociación colectiva, que tienen rango constitucional y son mecanismos de defensa de las y los trabajadores, que permiten la lucha por mejoras en las condiciones de vida y de trabajo, favoreciendo los procesos de organización, unidad y elevación de la conciencia de clase de las y los trabajadores.

Hacemos un fraterno llamado a las y los trabajadores a fortalecer sus legítimas organizaciones, derrotando vicios y desviaciones que debilitan el papel de los sindicatos y luchando por la unidad del movimiento organizado de las y los trabajadores, bajo los principios del sindicalismo clasista. Exhortamos a la clase obrera y a todo el pueblo trabajador a participar activamente en las movilizaciones y demás iniciativas que desarrollan la Unión Nacional de Trabajadores y Trabajadoras (UNETE) y la Corriente Clasista de Trabajadores y Trabajadoras ³Cruz Villegas² (CCT-CV), para exigir la aprobación de la nueva y revolucionaria Ley Orgánica del Trabajo (LOT) y la Ley de Consejos Socialistas de Trabajadoras y Trabajadores (CSTT), antes que concluya el actual periodo legislativo de la Asamblea Nacional, además de otras justas demandas de las masas trabajadoras.

El PCV se ratifica como organización clasista revolucionaria, autónoma, crítica y propositiva, que combate y combatirá a las fuerzas reaccionarias, conciliadoras y reformistas y a los sectores pseudorevolucionarios que con su práctica contradicen los postulados bolivarianos y del socialismo científico.

¡Trabajador, trabajadora: incorpórate a tu Partido, el PCV!

¡Amplio frente nacional patriótico y dirección colectiva para profundizar la revolución!

¡Con la clase obrera y el pueblo trabajador para la toma del Poder!


XXXIX Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Venezuela - PCV

Caracas, 6 y 7 de noviembre de 2010.

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APRENDER LAS LECCIONES DE LA COMUNA DE PARÍS

sábado, 12 de junio de 2010

Escrito por Fernando Arribas García para Tribuna Popular   
Miércoles 09 de Junio de 2010 20:08

Caracas, 09 jun. 2010, Especial para Tribuna Popular. Fernando Arribas-García*.- Se cumplieron el 28 de mayo, 139 años del sangriento final de la primera experiencia de gobierno obrero directo en el mundo: la Comuna de París.
Tanto Carlos Marx como V.I. Lenin conceptuaron esta breve y extraordinaria experiencia como la prefiguración de los gobiernos revolucionarios del futuro, que deberán organizarse, siguiendo el ejemplo de la Comuna, con la forma de una «dictadura del proletariado», esto es, sobre los principios del Poder Popular directamente ejercido desde las organizaciones de base de las y los trabajadores, soldados y campesinos.
La Comuna fue el resultado de las experiencias revolucionarias acumuladas por el pueblo parisino en los numerosos alzamientos que protagonizó a lo largo de buena parte del siglo XIX.
Desde 1830, el pueblo se había lanzado a las calles en repetidas ocasiones a protestar el orden de cosas imperante en Francia bajo los regímenes que se habían sucedido desde el final de la Gran Revolución de 1789.
En 1848, en particular, el pueblo de París inició una revuelta de gran magnitud que inspiró a las y los trabajadores de numerosas otras ciudades de toda Europa, aunque fue derrotada y traicionada y terminó con la restauración bonapartista.
Para 1870, como resultado del belicismo del tercer Napoleón, Francia estaba en guerra con Prusia, y la propia París estaba bajo sitio. Esto agudizó el malestar popular con el gobierno y creó una situación pre-revolucionaria.
A principios de 1871, la única defensa efectiva que quedaba a la capital ante el avance de los alemanes eran las milicias populares, formadas por las y los trabajadores parisinos, y sobre las que el gobierno central no tenía control pleno y efectivo.
Las milicias, llamadas «Guardia Nacional», habían sido organizadas a iniciativa del propio pueblo y habían sido autorizadas por el gobierno sólo con muchas precauciones y gran desconfianza.
Con el colapso del gobierno, y en medio del creciente malestar popular, las milicias habían ido logrando autonomía casi absoluta y habían empezado a elegir a sus propios oficiales, a menudo dirigentes populares y de izquierda.
A mediados de marzo de 1871 el pueblo de París, contando con las milicias enteramente a su lado, se lanzó a «tomar el cielo por asalto», según la famosa frase de Marx: se declaró en rebeldía contra el gobierno y eligió sus propias autoridades, dando nacimiento a la Comuna. De inmediato las y los comuneros tomaron medidas de gran audacia para la época, como la eliminación del ejército permanente, la disolución de las instituciones gubernamentales y la abolición de la burocracia, la elección popular de todas y todos los funcionarios y su revocabilidad inmediata, el establecimiento de un salario máximo para las y los funcionarios administrativos equivalente al de las y los obreros medios, la reducción de los horarios de trabajo y la restricción del trabajo nocturno, o la entrega de las fábricas abandonadas a las y los trabajadores organizados.
Apenas dos meses más tarde, a fines de mayo, la contraofensiva de la reacción, orquestada desde Versalles, sede del gobierno francés reconstituido luego del fin de la guerra franco-prusiana, y apoyada por la derecha de todo el continente europeo, logró derrotar la tremenda defensa popular del régimen comunero, y retomar la ciudad de París. Se inició así la llamada «semana sangrienta», durante la cual las fuerzas de derecha, nuevamente en control de la ciudad, desataron la más feroz represión contra las y los comuneros y sus aliados y colaboradores.
No menos de 30.000 murieron en las calles y unos 10.000 fueron apresados y enjuiciados en el curso de unos pocos días, víctimas del terror contrarrevolucionario.
Lecciones de la Comuna
La caída de la Comuna fue producto de errores críticos cometidos por sus líderes en medio de la inexperiencia y la falta de organización.
Lenin señala el principal de estos errores: las y los comuneros, inspirados por la magnanimidad idealista de los socialistas utópicos, se detuvieron a mitad de camino y no completaron la expropiación y desmantelamiento de la clase expropiadora por cualquier medio que fuese necesario. No se expropiaron los grandes bancos ni se aprovechó el ímpetu de los primeros días para perseguir y derrotar militarmente a las fuerzas de derecha. Justamente de esos bancos que fueron ingenuamente respetados, salieron los recursos con los que la reacción se armó para desatar, sin magnanimidad ni idealismo alguno, la violentísima retoma de París y la espantosa represión que siguió.
A pesar de sus errores y su derrota, la Comuna representa uno de los puntos más altos de la historia revolucionaria universal. De los errores deberemos aprender las y los revolucionarios de todos los tiempos; pero también los aciertos deben ser reconocidos y asimilados. En particular, es notable, en palabras de Lenin, el «instinto revolucionario de la clase trabajadora», que, pese a las confusiones y errores, orientó a las y los comuneros a desmantelar el Estado preexistente y reemplazarlo por una organización enteramente novedosa en la que quedaban abolidas las distinciones burguesas clásicas entre los «poderes» ejecutivo, legislativo y judicial, y las distancias entre las y los funcionarios de cada uno de ellos y el pueblo.
La Comuna representa en este sentido la culminación de la transformación de la estructura estatal que había comenzado con la caída de la monarquía y el establecimiento de la república burguesa.
En tiempos monárquicos, la soberanía del Estado, entera y sin divisiones de «poderes», recaía en el rey o soberano; con el triunfo burgués a fines del siglo XVIII, esa soberanía fue dividida en «poderes» formalmente separados a fin de facilitar la repartición de cuotas entre las diversas facciones participantes y hacer viable la estabilidad del nuevo orden.
Pero, con el surgimiento del Estado popular revolucionario, nace la posibilidad de eliminar esas divisiones y reunificar la soberanía bajo control efectivo de un único Poder, el del pueblo organizado, con lo que se completa la sustitución del rey como soberano.
Este último es tal vez el más importante y perdurable de los aciertos de las y los comuneros. Sobre este ejemplo se construyó en la Rusia bolchevique el concepto del poder soviético, que emanaba de los Consejos (en ruso: «Soviets») de obreros, campesinos y soldados, y del que se desprendían los órganos funcionales legislativo, ejecutivo y judicial, todos ellos permanentemente sometidos al poder originario de los Soviets.
Sobre este modelo continúan avanzando hasta hoy los Estados más democráticos del planeta, entre ellos el cubano.
Y es este modelo, que los clásicos denominaron «dictadura del proletariado» y hoy llamamos Poder Popular, el que las y los comunistas continuamos proponiendo. Ni tres ni cinco «poderes»: uno solo, el Popular.


*Director del Instituto Bolívar-Ma

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