“Instrúyanse, porque necesitaremos toda nuestra inteligencia. Conmuévanse porque necesitaremos todo nuestro entusiasmo. Organícense, porque necesitaremos toda nuestra fuerza.” A.Gramsci.
POR LA UNIDAD DE LOS Y LAS COMUNISTAS
" PORQUE HACER ES LA MEJOR MANERA DE DECIR "
Internacionalista " Che Guevara "
UN FANTASMA RECORRE EL MON
PROLETARIS DEL MON , UNIO-VOS
" Los Comunistas no hacen la Revolución, la organizan."
" La unidad es necesaria para la clase obrera. La unidad sólo puede realizarse mediante una organización única, cuyos acuerdos cumplan concienzuda y voluntariamente todos los obreros conscientes. Discutir el problema, expresar y oír opiniones distintas, conocer el criterio de la mayoría de los marxistas organizados, estampar este criterio en una resolución y cumplir honestamente esa resolución es lo que se llama unidad en todas las partes del mundo y por toda la gente sensata. Y esta unidad es infinitamente valiosa e importante para la clase obrera."
Defender a Venezuela
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Venezuela necesita la solidaridad de los pueblos de América Latina y el
Caribe. La misma solidaridad que ese país ha brindado al ...
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VOLVIERON
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*¡VOLVIERON!*
Enviar a un amigo/a
Desde todo el mundo llegan mensajes ...
Comunicat de dissolució del PCC
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L’1 de novembre de 2014, el Partit dels i les Comunistes de Catalunya va
acordar la seva dissolució com a partit polític i la cessió de tot el seu
capital ...
Un verdadero ejemplo de virtudes revolucionarias
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*Un verdadero ejemplo de virtudes revolucionarias*
El Che, cuando empuñó de nuevo las armas, no estaba pensando en una
victoria inmediata, no estaba pensan...
Cuba, los “moderados” y la libertad de expresión
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Cuba, los “moderados” y la libertad de expresión. Por: Raúl Antonio Capote.
Era hora de cambiar y aparecieron de nuevo los “moderados”, los que nos
piden q...
CALLAR ES UNA OPCIÓN (Sábado 15-06-2013)
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Saturno y Ramón, también el Pica y Piñate, Oliveros Periquita, todos miembros
de la Escuelita un Grano de Maíz, todos supieron callar cuando la
Revolució...
Poetas del mundo, uníos para cantar a Marx, al joven Marx, al Marx adulto, al anciano Marx porque junto al combate está el canto del combate y junto a los porfiados hechos viven las tenaces palabras. Carlos Marx, sacaste a la luz la verdad que tantos siglos ocultaron: el motor de la historia es la lucha de clases y ante esta verdad cayeron las máscaras de la falsa libertad, la falsa igualdad, la falsa fraternidad. Llegaste del mármol de la filosofía al hierro de la economía. En tu obra los átomos de Demócrito giran y el río de Heráclito deviene; la lógica de Hegel contempla con asombro como la llevaron del cielo a la tierra y la economía enseña que el trabajo produce un valor que los voraces vampiros devoran. Fuiste el nadador profundo en los océanos del pensamiento y el accidentado caminante en los terrenos de la vida. La fiel Jenny te acompañó junto a los hijos que sobrevivieron y los hijos arrebatados por la miseria. Porque conociste la pobreza en carne propia y en la carne proletaria y viste como el capital humillaba y destruía la familia obrera. El capitalismo ahorcaría a los pobres si no necesitara del sudor de ellos mientras viven y de la sangre de ellos mientras agonizan. Marx: permíteme llamarte Carlos porque somos compañeros del mismo planeta y aguardamos la llama del mundo posible. Viajaste por tierras de Europa perseguido por quienes vieron en ti el heraldo de la verdad, ese que descubre las trampas y avisa a alas víctimas, ese que no renuncia a la antorcha que lleva. El generoso y abnegado Engels afianzó tu vida y hombro con hombro levantó contigo la invencible muralla del Manifiesto. Es el largo camino que va del infierno capitalista al paraíso del socialismo. Es un camino en que avanzamos con puños y piedras, con combates y banderas. Y al borde del camino acechan el revisionismo, el dogmatismo, el entreguismo como serpientes que estrangulan con sus fuertes anillos. Vamos de la injusticia a la justicia, de la desigualdad a la igualdad, del egoísmo a la fraternidad. El marxismo es el más alto humanismo en que cada hombre tiene su propio ser y el ser de todos. Desde el pretérito hacia el futuro llega Marx con su frente de roca, sus ojos de león y sus barbas torrenciales. EL combatiente del siglo XIX es el combatiente de todos los siglos. Las ideas no mueren. Las ideas siguen vivas sobre los cuerpos de los perseguidos y los desaparecidos, sobre las derrotas y sobre las victorias. El capitalismo sólo puede ganar dinero. Los hombres verdaderos tienen un mundo que ganar y junto contigo, Marx, asaltarán el cielo.
Fernando Lamberg
( escritor chileno , premio de poesía Casa de las americas )
Barack Obama es un fanático creyente del sistema capitalista imperialista impuesto por Estados Unidos al mundo. "Dios bendiga a Estados Unidos", concluye sus discursos. Algunos de sus hechos hirieron la sensibilidad de la opinión mundial, que vio con simpatías la victoria del ciudadano afroamericano frente al candidato de la extrema derecha de ese país. Apoyándose en una de las más profundas crisis económicas que ha conocido el mundo, y en el dolor causado por los jóvenes norteamericanos que perdieron la vida o fueron heridos o mutilados en las guerras genocidas de conquista de su predecesor, obtuvo los votos de la mayoría del 50% de los norteamericanos que se dignan acudir a las urnas en ese democrático país. Por elemental sentido ético, Obama debió abstenerse de aceptar el Premio Nobel de la Paz, cuando ya había decidido el envío de cuarenta mil soldados a una guerra absurda en el corazón de Asia. La política militarista, el saqueo de los recursos naturales, el intercambio desigual de la actual administración con los países pobres del Tercer Mundo, en nada se diferencia de la de sus antecesores, casi todos de extrema derecha, con algunas excepciones, a lo largo del pasado siglo. El documento antidemocrático impuesto en la Cumbre de Copenhague a la comunidad internacional —que había dado crédito a su promesa de cooperar en la lucha contra el cambio climático— fue otro de los hechos que desilusionaron a muchas personas en el mundo. Estados Unidos, el mayor emisor de gases de efecto invernadero, no estaba dispuesto a realizar los sacrificios necesarios a pesar de las palabras zalameras previas de su Presidente. Sería interminable la lista de contradicciones entre las ideas que la nación cubana ha defendido con grandes sacrificios durante medio siglo y la política egoísta de ese colosal imperio. A pesar de eso, no albergamos ninguna animadversión contra Obama, y mucho menos contra el pueblo de Estados Unidos. Consideramos que la Reforma de Salud ha constituido una importante batalla y un éxito de su gobierno. Parece sin embargo algo realmente insólito que 234 años después de la Declaración de Independencia, en Filadelfia en el año 1776, inspirada en las ideas de los enciclopedistas franceses, el gobierno de ese país haya aprobado la atención médica para la inmensa mayoría de sus ciudadanos, algo que Cuba alcanzó para toda su población hace medio siglo a pesar del cruel e inhumano bloqueo impuesto y todavía vigente por parte del país más poderoso que existió jamás. Antes, después de casi un siglo de independencia y tras sangrienta guerra, Abraham Lincoln pudo lograr la libertad legal de los esclavos. No puedo, por otro lado, dejar de pensar en un mundo donde más de un tercio de la población carece de atención médica y de medicamentos esenciales para garantizar la salud, situación que se agravará en la medida en que el cambio climático, la escasez de agua y de alimentos sean cada vez mayores, en un mundo globalizado donde la población crece, los bosques desaparecen, la tierra agrícola disminuye, el aire se hace irrespirable, y la especie humana que lo habita —que emergió hace menos de 200 mil años, es decir 3 500 millones de años después que surgieron las primeras formas de vida en el planeta— corre el riesgo real de desaparecer como especie. Admitiendo que la reforma sanitaria significa un éxito para el gobierno de Obama, el actual Presidente de Estados Unidos no puede ignorar que el cambio climático significa una amenaza para la salud y, peor todavía, para la propia existencia de todas las naciones del mundo, cuando el aumento de la temperatura —más allá de límites críticos que están a la vista— diluya las aguas congeladas de los glaciares, y las decenas de millones de kilómetros cúbicos almacenados en las enormes capas de hielo acumuladas en la Antártida, Groenlandia y Siberia se derritan en unas pocas decenas de años, dejando bajo las aguas todas las instalaciones portuarias del mundo y las tierras donde hoy vive, se alimenta y labora una gran parte de la población mundial. Obama, los líderes de los países ricos y sus aliados, sus científicos y sus centros sofisticados de investigación conocen esto; es imposible que lo ignoren. Comprendo la satisfacción con que se expresa y reconoce, en el discurso presidencial, el aporte de los miembros del Congreso y la administración que hicieron posible el milagro de la reforma sanitaria, lo cual fortalece la posición del gobierno frente a lobbistas y mercenarios de la política que limitan las facultades de la administración. Sería peor si los que protagonizaron las torturas, los asesinatos por contrato y el genocidio ocuparan nuevamente el gobierno de Estados Unidos. Como persona incuestionablemente inteligente y suficientemente bien informada, Obama conoce que no hay exageración en mis palabras. Espero que las tonterías que a veces expresa sobre Cuba no obnubilen su inteligencia. Tras el éxito en esta batalla por el derecho a la salud de todos los norteamericanos, 12 millones de inmigrantes, en su inmensa mayoría latinoamericanos, haitianos y de otros países del Caribe reclaman la legalización de su presencia en Estados Unidos, donde realizan los trabajos más duros y de los cuales no puede prescindir la sociedad norteamericana, en la que son arrestados, separados de sus familiares y remitidos a sus países. La inmensa mayoría emigraron a Norteamérica como consecuencia de las tiranías impuestas por Estados Unidos a los países del área y la brutal pobreza a que han sido sometidos como consecuencia del saqueo de sus recursos y el intercambio desigual. Sus remesas familiares constituyen un elevado porcentaje del PIB de sus economías. Esperan ahora un acto de elemental justicia. Si al pueblo cubano se le impuso una Ley de Ajuste, que promueve el robo de cerebros y el despojo de sus jóvenes instruidos, ¿por qué se emplean métodos tan brutales con los emigrantes ilegales de los países latinoamericanos y caribeños? El devastador terremoto que azotó a Haití —el país más pobre de América Latina, que acaba de sufrir una catástrofe natural sin precedentes que implicó la muerte de más de 200 mil personas— y el terrible daño económico que otro fenómeno similar ocasionó a Chile, son pruebas elocuentes de los peligros que amenazan a la llamada civilización y la necesidad de drásticas medidas que otorguen a la especie humana la esperanza de sobrevivir. La Guerra Fría no trajo ningún beneficio para la población mundial. El inmenso poder económico, tecnológico y científico de Estados Unidos no podría sobrevivir a la tragedia que se cierne sobre el planeta. El presidente Obama debe buscar en su computadora los datos pertinentes y conversar con sus científicos más eminentes; verá cuán lejos está su país de ser el modelo que preconiza para la humanidad. Por su condición de afroamericano, allí sufrió las afrentas de la discriminación, según narra en su libro "Los sueños de mi padre"; allí conoció la pobreza en que viven decenas de millones de norteamericanos; allí se educó, pero allí también disfrutó como profesional exitoso los privilegios de la clase media rica, y terminó idealizando el sistema social donde la crisis económica, las vidas de norteamericanos inútilmente sacrificadas y su indiscutible talento político le dieron la victoria electoral. A pesar de eso, para la derecha más recalcitrante Obama es un extremista al que amenazan con seguir dando la batalla en el Senado para neutralizar los efectos de la reforma sanitaria y sabotearla abiertamente en varios Estados de la Unión, declarando inconstitucional la Ley aprobada. Los problemas de nuestra época son todavía mucho más graves. El Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y otros organismos internacionales de créditos, bajo control estricto de Estados Unidos, permiten que los grandes bancos norteamericanos —creadores de los paraísos fiscales y responsables del caos financiero en el planeta— sean sacados a flote por los gobiernos de ese país en cada una de las frecuentes y crecientes crisis del sistema. La Reserva Federal de Estados Unidos emite a su antojo las divisas convertibles que costean las guerras de conquista, las ganancias del Complejo Militar Industrial, las bases militares distribuidas por el mundo y las grandes inversiones con las que las transnacionales controlan la economía en muchos países del mundo. Nixon suspendió unilateralmente la conversión del dólar en oro, mientras en las bóvedas de los bancos de Nueva York se guardan siete mil toneladas de oro, algo más del 25% de las reservas mundiales de ese metal, cifra que al final de la Segunda Guerra Mundial superaba el 80%. Se argumenta que la deuda pública sobrepasa los 10 millones de millones de dólares, lo cual supera el 70% de su PIB, como una carga que se transfiere a las nuevas generaciones. Eso se afirma cuando en realidad es la economía mundial la que costea esa deuda con los enormes gastos en bienes y servicios que aporta para adquirir dólares norteamericanos, con los cuales las grandes transnacionales de ese país se han apoderado de una parte considerable de las riquezas del mundo, y sostienen la sociedad de consumo de esa nación. Cualquiera comprende que tal sistema es insostenible, y por qué los sectores más ricos en Estados Unidos y sus aliados en el mundo defienden un sistema solo sustentable con la ignorancia, las mentiras y los reflejos condicionados sembrados en la opinión mundial a través del monopolio de los medios de comunicación masiva, incluidas las redes principales de Internet. Hoy el andamiaje se derrumba ante el avance acelerado del cambio climático y sus funestas consecuencias, que ponen a la humanidad ante un dilema excepcional. Las guerras entre las potencias no parecen ser ya la solución posible a las grandes contradicciones, como lo fueron hasta la segunda mitad del siglo XX; pero, a su vez, han incidido de tal forma sobre los factores que hacen posible la supervivencia humana, que pueden poner fin prematuramente a la existencia de la actual especie inteligente que habita nuestro planeta. Hace unos días expresé mi convicción de que, a la luz de los conocimientos científicos que hoy se dominan, el ser humano deberá resolver sus problemas en el planeta Tierra, ya que jamás podrá recorrer la distancia que separa el Sol de la estrella más próxima, ubicada a cuatro años luz, velocidad que equivale a 300 mil kilómetros por segundo —como conocen nuestros alumnos de secundaria básica—, si alrededor de ese sol existiera un planeta parecido a nuestra bella Tierra. Estados Unidos invierte fabulosas sumas para comprobar si en el planeta Marte hay agua, y si existió o existe alguna forma elemental de vida. Nadie sabe para qué, como no sea por pura curiosidad científica. Millones de especies van desapareciendo a ritmo creciente en nuestro planeta y sus fabulosas cantidades de agua constantemente se están envenenando. Las nuevas leyes de la ciencia —a partir de las fórmulas de Einstein sobre la energía y la materia, y la teoría de la gran explosión como origen de los millones de constelaciones e infinitas estrellas u otras hipótesis— han dado lugar a profundos cambios en conceptos fundamentales como el espacio y el tiempo, que ocupan la atención y los análisis de los teólogos. Uno de ellos, nuestro amigo brasileño Frei Betto, aborda el tema en su libro "La obra del artista: Una visión holística del Universo", presentado en la última Feria Internacional del Libro de La Habana. Los avances de la ciencia en los últimos cien años han impactado los enfoques tradicionales que prevalecieron a lo largo de miles de años en las ciencias sociales e incluso en la Filosofía y la Teología. No es poco el interés que los más honestos pensadores prestan a los nuevos conocimientos, pero no sabemos absolutamente nada de lo que piensa el presidente Obama sobre la compatibilidad de las sociedades de consumo y la ciencia. Mientras tanto, vale la pena dedicarse de vez en cuando a meditar sobre esos temas. Con seguridad no dejará por ello de soñar el ser humano y tomar las cosas con la debida serenidad y acerados nervios. Es el deber, al menos, de aquellos que escogieron el oficio de políticos y el noble e irrenunciable propósito de una sociedad humana solidaria y justa. Fidel Castro Ruz
Marzo 24 de 2010
6 y 40 p.m.Read more...
Algo muy pérfido está en marcha contra Cuba. Desde comienzos de 2010 se advierte una intensificación de la permanente campaña mediática anticubana y grandes presiones de la ultraderecha del viejo continente al gobierno de Rodríguez Zapatero para que en su condición de presidente de turno de la Unión Europea renuncie a modificar la Posición Común hacia Cuba, una subordinación a Washington de la política del bloque con la isla instaurada a instancia de Aznar que La Habana rechaza categóricamente.
El gobierno de Obama, también vapuleado por la extrema derecha no sólo no ha hecho nada sustantivo para distender la relación con La Habana, sino da muestras de volver al curso agresivo e injerencista. Aparte de la libertad para que los cubanoestadunidenses puedan viajar y enviar remesas a sus familiares en la isla no existe ninguna iniciativa importante de esta administración para mejorar la relación bilateral a pesar de la reiterada disposición de Cuba de abrir un diálogo "respetuoso sobre todos los temas siempre que sea entre iguales y sin menoscabo de la independencia, la soberanía y la autodeterminación". Al bloqueo no se le ha quitado ni un pelo y Washington sigue protegiendo a Luis Posada Carriles con el circo montado para juzgarlo como mentiroso y no como terrorista. Los cinco antiterroristas cubanos continúan presos y ni siquiera se les permite la visita de sus esposas. Las fábricas de mentiras arman contra Cuba manipulaciones inauditas mientras no se enteran del genocidio en Irak, Afganistán y Palestina, la represión en Honduras, las bases yanquis en Colombia o la Cumbre de Copenhague arrollada por la dictatorial postura del flamante Nobel de la paz.
El imperio y sus aliados se refocilan en eso de enmendar la plana a sus antiguas dependencias; en el caso de Cuba se trata de la intolerancia hacia el derecho de los pueblos a escoger una forma distinta de vivir y construir su futuro. La independencia de la isla los saca de quicio y en esa tesitura son tan carentes de escrúpulos que empujan a la muerte a un recluso en una cárcel cubana para luego culpar a Cuba y ahora esperan con ansiedad el mismo desenlace en otro supuesto opositor para de nuevo culparla. Es el colmo del cinismo reprochar a La Habana que no haya satisfecho las desmesuradas peticiones de la huelga de hambre de ambos individuos: de uno, cocina, televisor y teléfono en la celda; del otro, la libertad de 26 presos supuestamente políticos pero en realidad agentes pagados de Estados Unidos. El gobierno cubano ha dicho que no es ético forzar a estas personas a injerir alimentos, como se hace habitualmente en el campo de concentración de Guantánamo, al tiempo que reafirma su probada actitud de administrarles todos los cuidados médicos necesarios en estado inconsciente. Nadie ha esclarecido en palabras tan directas como sencillas los fundamentos morales y jurídicos aquí involucrados como el presidente Lula da Silva a una pregunta expresa de la agencia Ap: … la huelga de hambre no puede ser utilizada como un pretexto de derechos humanos para liberar a las personas. Imagine si todos los bandidos que están presos en Sao Paulo entraran en huelga de hambre y pidieran su libertad.
Washington mantiene a Cuba en todas sus listas negras. El torturador de Guantánamo, Abu Ghraib, Bagram y las cárceles secretas, el genocida de Irak y Afganistán la acusa de patrocinar el terrorismo, una infamia escandalosa. En enero de este año el gobierno de Obama incluyó a la isla en la lista de países cuyos ciudadanos son objeto de medidas de revisión adicional en los aeropuertos de todo el mundo alegando que se tiene "bien ganado" un puesto entre los países que cooperan con el terrorismo. En febrero, al celebrarse la segunda ronda de conversaciones migratorias en La Habana, interrumpidas durante la era Bush y único contacto entre los dos países, la delegación yanqui llevó a cabo un grosero acto de provocación al reunirse en la Oficina de Intereses de Estados Unidos con una representación de los colaboracionistas a sueldo que mantiene en la isla. Lo que está demostrando hasta ahora Obama es que su interés con Cuba consiste en alebrestar a la esmirriada contrarrevolución interna y continuar promoviendo el cambio de régimen. Si para ello hay que empujar a la huelga de hambre y la muerte a personas de probada inestabilidad emocional y afán desmedido de protagonismo, poco importa, son desechables.
Un anhelo cruza los corazones de los hombres y las mujeres en el mundo, el anhelo de la libertad y la justicia con paz y dignidad. Desde Atenco, México, reciban en la palabra humilde y sincera del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra-Atenco el agradecimiento por todo su apoyo hacia nuestra lucha en nombre de los presos y perseguidos políticos, así como también, de nuestras comunidades, de los compañeros y compañeras que siguen resistiendo.
Nuestra historia está llena de agravios y ofensas a nuestros pueblos, en nuestro mundo corren los ríos de llanto y dolor por las guerras, las conquistas, la colonización, el despojo, la explotación, la esclavitud y el exterminio de los que nos dominan. Nunca como hasta ahora todo sigue igual, no hace falta que transcurran los tiempos largos de la historia, la dominación se impone. Por eso continúa la sumisión de unos pocos a toda la humanidad, la visión de supremacía de los humanos sobre todas las especies, el poder como relación, la acumulación de la riqueza y la maximización de la ganancia como único sentido de vida. Hoy más que nunca debido a la ambición de los que mandan estamos a punto de acabar con nosotros mismos. No hay de otra: o nos defendemos o acabaran con todo lo que queda.
Aquí en Atenco sabemos un poco de lo que decimos, tal vez porque no hizo falta que recorriéramos todo ese camino tormentoso en la historia de la humanidad, sino porque en nuestro corto periodo de resistencia conocimos el dolor que provoca el despojo de lo más sagrado que tenemos como pueblo, la madre tierra, con la finalidad de construir un aeropuerto internacional en nuestro territorio. O quizás también, porque en este proceso encontramos la furia de los dueños del dinero y del poder político como represalia porque decidimos el camino de la lucha y la resistencia como opción de sobrevivencia y por eso nos atacaron utilizando toda la violencia del Estado para despojarnos; asesinando a lo largo de estos nueve años a tres compañeros -además de todos los que murieron de dolor, de coraje y desesperación; de todos los que fueron y siguen estando presos desde mayo de 2006 en las cárceles de exterminio de México, condenados con penas que van desde los 31 años hasta los 112 años y medio de prisión; de la gente que fue agredida en la ocupación policiaca con más de 4,500 efectivos de las fuerzas federales para controlar mediante acciones de contrainsurgencia a una población pacífica que su único delito ha sido organizarse; así como la demostración de fuerza y trato de botín de guerra que sufrieron nuestras compañeras mujeres agredidas sexualmente mediante la violación y el abuso sexual.
Nosotros sabemos cuál es nuestra condición social y por eso queremos superarla mediante la lucha. Pero nosotros no podemos solos, para ello necesitamos que nuestro grito cruce sus corazones y remueva las fibras más sensibles de su humanidad, para saber que no importa desde qué lugar de nuestro planeta cuando se cometa una injusticia, ustedes como hombres y mujeres universales se indignen y levanten la bandera de la paz como esperanza, porque así ustedes los Premios Nobel de la Paz al igual que nosotros y que muchos a lo largo de la historia terminen reconociendo que luchan por una razón: porque aman.
Hermanos y hermanas, sepan que nuestra lucha no es suficiente sino hay hombres y mujeres que como ustedes están en el momento en que hace falta, a la hora de definirse por los de abajo y por algo que vale la pena dedicar la vida: la paz. Es por eso que cada uno de ustedes hace falta en nuestras tierras y desde ahora les hacemos la invitación para que nos visiten en Atenco y engrandezcan nuestra lucha con su presencia. Gracias Jody y a cada uno de ustedes. Gracias desde el sueño profundo que nuestros presos y perseguidos políticos tienen para ellos, para México y para nuestro mundo: la liberación.
Con todo nuestro amor de hermanos y hermanas.
San Salvador Atenco, Estado de México, México, América.
¡PRESOS POLÍTICOS DE ATENCO Y DEL MUNDO, LIBERTAD!
¡LA TIERRA NO SE VENDE, SE AMA Y SE DEFIENDE!
Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra-Atenco
Atenco, oportunidad histórica para la Corte
Nada más gratificante que la visita reciente de Evo Morales, presidente de Bolivia, y Jody Williams, premio Nobel de la Paz, cuando se acerca el cuarto aniversario de la funesta represión contra Atenco, y la libertad de los 12 presos políticos condenados a 32, 67 y 112 años de cárcel está en un momento decisivo y en manos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
En Coyoacán, Evo Morales no sólo compartió “un poco” de lo mucho que el pueblo boliviano está forjando para una Bolivia libre que, años atrás, no era más que un disparate para el imperio yanqui, que se reía, y hoy no tiene ni embajada en los suelos de Túpac Katari. Su visita también renueva esperanzas y reafirma –como Cuba, Venezuela y más ejemplos de nuestra América– que la victoria para el pueblo de abajo sí es posible. En ese camino de liberación, los asistentes al encuentro con el presidente boliviano no dejaron de corear masivamente “¡que renuncie Calderón!”.
Con la misma hermandad que Evo, Jody Williams –una de once nóbeles de la Paz que en una carta a Felipe Calderón claman libertad y justicia para Atenco– no podía ser menos contundente ante el escenario inocultable de represión e impunidad que impera en México.
Qué mejor que sus propias palabras que, aunque leídas y resumidas, se escuchan altas, como su congruencia con las causas del pueblo: “El caso de Atenco tiene mucho que ver con el futuro de este país... Lo que están haciendo con los presos políticos de Atenco es asqueroso, y lo están haciendo porque es una cuestión política que no tiene que ver con justicia; si tuviera que ver con justicia no estarían encarcelados... Por eso todas y todos tenemos que luchar. No es para que el otro lo haga; supuestamente el gobierno es del pueblo, supuestamente ellos trabajan para él, pero no lo van hacer si se queda callado”.
Ambas visitas, además de alegría y esperanza, subrayan muchas tareas para la lucha por la transformación profunda que urge México y que inexcusablemente pasa por la libertad de los presos políticos de Atenco y todo el país.
Tiene la palabra la Corte, que tendrá que poner en balanza esta oportunidad histórica: o se rebaja a los sobornos de Peña Nieto (quien ahora utiliza el dolor de los habitantes de Valle de Chalco, condicionando la ayuda y reprimiendo a los que se manifiestan por el despotismo y el abandono oficial) o se apega a derecho, rechaza las condenas inauditas y deja en libertad de una vez por todas a los presos políticos de Atenco.
América Del Valle (perseguida política por el Estado mexicano), Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra
Apuntes para debatir el socialismo y de quitar y nombrar ministros en la Revolución Bolivariana
INTRODUCCIÓN
El Manifiesto del Partido Comunista fue escrito por Carlos Marx y Federico Engels en forma de folleto para la agitación política entre los obreros, y publicado por primera vez en febrero de 1848.
El Manifiesto nació como un programa teórico y práctico de la Liga de los Comunistas, una organización para la lucha de los obreros a escala internacional.
Los propios autores advierten que El Manifiesto no es una receta: “…la aplicación práctica de estos principios dependerá en todas partes y en todo tiempo de las circunstancias históricas existentes…”.
Además, debemos considerar que es una obra escrita hace 162 años y que, como dicen Marx y Engels en el prefacio a la edición alemana de 1872, muchas circunstancias han cambiado “…por efecto del inmenso desarrollo experimentado por la gran industria (…), con los consiguientes progresos ocurridos en cuanto a la organización política de la clase obrera, y por el efecto de las experiencias prácticas de la revolución…” vivida en diversas partes del mundo y en diferentes épocas.
Sin embargo, en el marco de estas advertencias y recomendaciones para comprender su lectura y “aplicación práctica” -y precisamente por ellas-, en lo esencial, El Manifiesto continúa siendo una obra política de enorme valor y vigencia para la interpretación y transformación de la sociedad actual del capitalismo neoliberal en crisis.
El Manifiesto es una obra universal que sigue generando controversias y luces para la emancipación del proletariado moderno y de todas las clases y grupos sociales oprimidos.
El Manifiesto comienza con la frase: “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo”. Y termina con una consigna que se hizo esperanza de millones de seres humanos: “¡Proletarios de todos los países, uníos!”.
1.- LA LUCHA DE CLASES MOTOR DE LA HISTORIA
El Manifiesto, en su primer capítulo, hace un recuento de la historia de la humanidad hasta el surgimiento del capitalismo, revelándola como una historia de la lucha de clases entre explotadores y explotados.
A excepción de la comunidad primitiva -sin clases sociales ni propiedad privada-, que era como vivían las antiguas tribus y nuestros aborígenes; toda la historia humana ha sido de lucha y confrontación entre opresores y oprimidos.
A pesar de esta realidad, cada modo de producción, cada régimen de propiedad, se ha considerado a sí mismo como el justo y necesario para el bien de la sociedad, y esa materialización económica de la opresión ha sido sustentada en la correspondiente ideología de la clase dominante, que se expresa en la legalidad, la moral, la ética, la religiosidad, la educación y la cultura preponderante en cada período histórico.
Primero surgió la sociedad esclavista, con el señor libre como opresor y el esclavo como oprimido.
En la antigua Grecia, conocida como la ‘cuna de la democracia’, 400 mil esclavos trabajaban para producir lo que disfrutaban 90 mil ‘ciudadanos libres’, quienes eran los únicos beneficiarios de esa ‘democracia’ de pocos.
De la sociedad esclavista emergió la sociedad feudal, con el señor feudal y los patricios como opresores y los siervos de la gleba y plebeyos como oprimidos.
Luego, con la Revolución Francesa, se inició el derrumbe de la sociedad feudal y brotó la moderna sociedad burguesa, la sociedad capitalista, con los burgueses, los capitalistas, como opresores y los proletarios, los obreros y demás trabajadores, como oprimidos.
Con el surgimiento del capitalismo, “la gran industria creó el mercado mundial, ya preparado por el descubrimiento de América. El mercado mundial imprimió un gigantesco impulso al comercio, a la navegación, a las comunicaciones por tierra” y la burguesía “…iba desplazando y esfumando a todas las clases heredadas de la Edad Media”, explican Marx y Engels (Esta cita textual y todas las siguientes corresponden a El Manifiesto del Partido Comunista, salvo una indicación de otra obra).
La sociedad burguesa, a pesar de su modernidad, “…no ha abolido los antagonismos de clase. Lo que ha hecho ha sido crear nuevas clases, nuevas condiciones de opresión, nuevas modalidades de lucha, que han venido a sustituir a las antiguas”. Es decir, la confrontación entre explotadores y explotados se mantiene, con nuevas formas.
En América y en los demás países llamados subdesarrollados la situación resultó más compleja que en la ‘civilizada’ Europa, debido a un sistema impuesto que combinaba históricos modos de producción; desde el comunismo primitivo de nuestros aborígenes arrasados por la conquista, pasando por el decadente esclavismo coexistiendo con el feudalismo y posteriormente éste con formas del naciente capitalismo de las metrópolis imperiales, durante casi cuatro siglos.
No fue sino hasta 1854 que en Venezuela se abolió formalmente la esclavitud, esa anticuada forma de opresión del ser humano como propiedad permanente de otro. Luego a finales del siglo XIX y principios del siglo XX se vino instaurando el modo de producción capitalista con el primer chorro de petróleo, la explotación intensiva de minerales y otras materias primas, como la producción agrícola; pero surgía como un capitalismo dependiente y subdesarrollado, combinado con formas de propiedad y relaciones latifundistas del decaído feudalismo, que aún perviven en muchos países del Sur.
Por estas condiciones, la emancipación de los oprimidos en los países dependientes y subdesarrollados adquiere un doble carácter: lucha de clases interna y lucha de liberación nacional.
A pesar de todas las particularidades de cada siglo y región del mundo, El Manifiesto nos orienta a comprender que la esencia de la historia humana, en toda época y en todo lugar, después que sucumbió la comunidad primitiva, ha sido la explotación del hombre por el hombre y la lucha de clases.
La historia también demuestra que siempre los oprimidos y explotados han luchado para librarse del dominio de los opresores, de los explotadores. Es una lucha irreconciliable -a veces abierta, a veces velada- de clases sociales antagónicas.
En condiciones determinantes, es “…una lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases beligerantes”.
¿Quién no ha escuchado hablar de Espartaco? Es amplia la literatura universal y las películas que narran la hazaña del esclavo que dirigió la más épica rebelión de esclavos en Europa, que hizo tambalear el antiguo Imperio Romano en la propia Italia hace un poco más de dos mil años. Pero no era sólo Espartaco, era una clase oprimida en combate a muerte contra sus opresores.
Al final de esta guerra social antiesclavista y antiimperial, que transcurrió durante dos años, había perecido un total de 100 mil esclavos, entre muertos en batallas (la mayoría) y crucificados o exterminados al caer prisioneros; situación que debilitó profundamente todos los aspectos de la producción y la vida en la Italia imperial.
En otro momento histórico determinante ocurrió la Revolución Francesa de 1789, que con su consigna liberal de “Libertad, Igualdad y Fraternidad” promovió la guerra social que elevó a la clase de los burgueses al Poder, al tiempo que comenzó la debacle de la hegemonía de la nobleza absolutista y sus monarquías.
Luego se sucedieron en el mundo episodios heroicos de combates y victorias del proletariado y el campesinado pobre contra la burguesía y los terratenientes, que pretendieron acabar la explotación de manera definitiva y no sólo cambiar sus formas. Tal es el caso de la Comuna de París de 1871, que resistió dos meses; y la Revolución Socialista Rusa de 1917, que escribió 70 años de una nueva historia. Más recientemente, y aún en proceso de construcción, la Revolución China de 1949 y la Revolución Cubana de 1959.
En Venezuela la lucha de clases también ha estado presente. Así ha sido desdelas batallas de resistencia al conquistador europeo comandadas por el cacique Guaicaipuro y sus hermanos indígenas; las rebeldías del Negro Miguel y su Cumbe, y de José Leonardo Chirinos contra la esclavitud; la guerra de la independencia encabezada por Simón Bolívar contra el régimen colonizador esclavista-feudal; la llamada guerra federal, una cruenta guerra social por lograr “tierra y hombres libres, elección popular, horror a la oligarquía” terrateniente y mercantilista, bajo el liderazgo de un pequeño comerciante transformado en General de los Pobres: Ezequiel Zamora.
En el siglo XX venezolano la lucha de clases continuó latente y con hitos importantes de confrontación, como la lucha de los obreros petroleros contra las transnacionales, rebeliones de campesinos aquí y allá; dictaduras militares, insurgencia armada, desaparecidos, muertos, huelgas, manifestaciones. Y más recientemente, rebeliones de los proletarios desempleados y subempleados contra el capitalismo neoliberal y sus representantes, como sucedió el 27 de febrero de 1989, con el llamado “Caracazo”; también la rebelión militar patriótica del 4 de febrero de 1992 es producto de esa sociedad dividida en clases sociales antagónicas.
La historia mundial y de cada país nos muestra una incesante lucha -soterrada o abierta- de todos los días del oprimido contra el opresor y viceversa, aunque muchas veces no se refleje en las páginas de la prensa ni en los libros de historia.
Entonces, de qué paz se habla cuando se acusa a los comunistas, y a los revolucionarios en general, de querer acabar con la paz de la sociedad, de querer dividir a la sociedad, de enfrentar unos a otros, de ‘incitar a la lucha de clases, cuando antes no era así’.
La burguesía mundial y la dirigencia adinerada de la oposición venezolana -herederos de esa oligarquía esclavista, feudal y luego capitalista-, que se siente desplazada del poder político y lucha encarnizadamente por no ser desplazada del poder económico, hoy acusan al Presidente Hugo Chávez de haber dividido a la sociedad venezolana, de incitar a la confrontación: ‘algo jamás visto en este país’, dicen. Alegan que ‘la culpa es de Chávez por querer imponer esas ideas comunistas en este país de paz, de hermanos’.
¡No, señores burgueses y proburgueses! La culpa no es de Chávez -tampoco es de la vaca, como reza un inútil libro de autoayuda- ni de las ideas malévolas de los comunistas. La culpa es de la explotación del hombre por el hombre y su inseparable lucha de clases. En fin, la culpa de la división de la sociedad, de la confrontación entre los seres humanos, es la opresión de unos pocos que se apropian del producto del trabajo de muchos.
Sólo eliminando esa relación perversa de propiedad y explotación capitalista desaparecerá la lucha de clases antagónicas. Sólo con la Revolución Socialista otro mundo es posible.
2.- LOS MITOS DE LA PROPIEDAD PRIVADA
Ese cuento de la eliminación de todo tipo de propiedad privada no es nuevo, ni exclusivo de la oposición venezolana. Ya en 1848, y antes, la burguesía europea acusaba a la naciente organización de los comunistas de pretender eliminar la sagrada propiedad privada ‘que ha existido siempre como un derecho natural del ser humano’, decían y dicen hoy los defensores de la explotación del hombre por el hombre.
No es nuevo ese cuento de: ‘a quien tenga dos carros le quitarán uno, el que tenga dos casas le quitarán una’. Ni que hablar de que ‘el Estado Comunista le quitará los hijos a las familias’, y toda esa fantasía manipuladora de la patria potestad.
El Manifiesto del Partido Comunista, escrito por Marx y Engels, aborda este tema de la propiedad privada de una manera muy clara.
Primero, no es cierto que la propiedad privada haya existido siempre. En la comunidad primitiva, en las comunidades aborígenes no se conocía la propiedad privada. Así que ésta no surge desde siempre con el ser humano, como un derecho natural. La propiedad privada surge con la dominación y explotación de unos hombres por otros.
La primera propiedad privada fueron la tierra y el hombre esclavo, que se estableció con el surgimiento de la sociedad esclavista, la primera sociedad divida en clases opuestas irreconciliables.
Para ilustrar mejor esta verdad histórica es necesario citar acá algunos párrafos -algo extensos- del libro El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, escrito por Federico Engels, publicado originalmente en 1884. Por su relevancia para el debate es ésta la única cita textual que hacemos de una obra distinta a El Manifiesto de Partido Comunista, que es nuestra referencia en la totalidad del presente trabajo. Veamos lo que escribe Engels:
En las antiguas tribus europeas y en las tribus indígenas de América, en su época de sociedad primitiva, “la economía doméstica es comunista, común para varias y a menudo para muchas familias. Lo que se hace y se utiliza en común es de propiedad común: la casa, los huertos, las canoas. Aquí, y sólo aquí, es donde existe realmente ‘la propiedad fruto del trabajo personal’, que los jurisconsultos y los economistas atribuyen a la sociedad civilizada y que es el último subterfugio jurídico en el cual se apoya hoy la propiedad capitalista”.
“A consecuencia del desarrollo de todos los ramos de la producción -ganadería, agricultura, oficios manuales domésticos-, la fuerza de trabajo del hombre iba haciéndose capaz de crear más productos que los necesarios para su sostenimiento. También aumentó la suma de trabajo que correspondía diariamente a cada miembro de la gens, de la comunidad doméstica o de la familia aislada. Era ya conveniente conseguir más fuerza de trabajo, y la guerra la suministró: los prisioneros fueron transformados en esclavos. Dadas todas las condiciones históricas de aquel entonces, la primera gran división social del trabajo, al aumentar la productividad del trabajo, y por consiguiente la riqueza, y al extender el campo de la actividad productora, tenía que traer consigo necesariamente la esclavitud. De la primera gran división social del trabajo nació la primera gran escisión de la sociedad en dos clases: señores y esclavos, explotadores y explotados”.
Cuando “el suelo cultivable se distribuyó entre las familias particulares”, y dejó de ser propiedad de toda la comunidad, surgió la propiedad privada. “La familia individual empezó a convertirse en la unidad económica de la sociedad”, propietaria entonces de la tierra, de los medios artesanales existentes y… de los esclavos.
Hasta aquí los párrafos extraídos del libro de Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado.
Segundo, la propiedad privada no es sagrada ni un derecho de todos. Están demostrados los sucesivos cambios históricos en el régimen de propiedad. Cada sistema económico-social imperante ha aplicado la abolición del anterior régimen vigente de propiedad privada. Por lo tanto, no ha sido inmutable ni sagrada. La propiedad privada no ha existido siempre de la misma forma.
El feudalismo abolió la propiedad esclavista y surgió la propiedad feudal. Luego, el capitalismo “…abolió la propiedad feudal para instaurar sobre sus ruinas la propiedad burguesa”.
Pero además, es el propio capitalismo el que priva de propiedad a millones de seres humanos para concentrarla en pocas manos.
Es el propio capitalismo el que ha destruido la propiedad privada del pequeño comerciante, del pequeño empresario, del artesano, que sucumbe ante el desarrollo y el poder de los monopolios y oligopolios que concentran el capital. El pez grande se come al pequeño, dice el refrán.
Y es el propio capitalismo el que priva de la más elemental propiedad y hasta de vida digna a miles de millones de hombres, mujeres y niños sin vivienda, salud, educación y alimentación adecuada.
Entonces, ¿qué pretenden los comunistas?
Los comunistas se diferencian de los otros partidos revolucionarios porque promueven la abolición de la propiedad privada. Pero no de cualquier propiedad privada.
“Lo que caracteriza al comunismo no es la abolición de la propiedad en general, sino la abolición del régimen de propiedad de la burguesía” producto de “…la explotación de unos hombres por otros”.
La realidad histórica ha demostrado que mientras exista la propiedad privada de los medios de producción, la propiedad burguesa, existirán explotadores (dueños de la propiedad) y explotados (sin propiedad).
Los falsificadores de El Manifiesto y de los objetivos de la Revolución Socialista ocultan que lo que se pretende es la abolición de la propiedad privada de los medios de producción, no de la propiedad personal.
La burguesía aterroriza y manipula al resto de la sociedad diciendo que el socialismo eliminará todas las formas de propiedad: ‘los comunistas te quitarán lo tuyo, lo que has logrado con tu trabajo de toda la vida’, esa es la campaña. De esa manera la burguesía y sus medios logran que sectores de los propios explotados, que no poseen medios de producción, defiendan la propiedad de los capitalistas, al presentarla como si fuese lo mismo que la propiedad personal del trabajador y confundirla con esta.
El Manifiesto lo plantea en los siguientes términos: “El capital no es, pues, un patrimonio personal, sino una potencia social”.
He allí un frente de batalla ideológico vital para ganar la conciencia y el apoyo de las mayorías populares en la construcción del socialismo, un frente que la burguesía ha sabido aprovechar muy bien al igualar la propiedad privada capitalista con la propiedad personal y vender la idea de la abolición de la propiedad en general.
El Manifiesto expone y confronta el interesado axioma que difunden los capitalistas y sus medios: “Y así como el destruir la propiedad de clases equivale, para el burgués, a destruir la producción, el destruir la cultura de clase es para él sinónimo de destruir la cultura en general”.
Para la burguesía la única propiedad posible es la de ellos. La única cultura que existe es la de la burguesía, los únicos derechos y la única libertad es la que disfrutan los capitalistas para explotar al resto de la sociedad. Tal es la lógica burguesa.
“Se nos reprocha que queremos destruir la propiedad personal bien adquirida, fruto del trabajo y del esfuerzo humano…”, responden Marx y Engels en 1848, desde las páginas de El Manifiesto.
Pero no, los comunistas lo que “…aspiramos [es] a convertir el capital en propiedad colectiva, común a todos los miembros de la sociedad, no aspiramos a convertir en colectiva una riqueza personal”.
“Nosotros no aspiramos en modo alguno a destruir este régimen de apropiación personal de los productos de un trabajo encaminado a crear medios de vida (…) A lo que aspiramos es a destruir el carácter oprobioso de este régimen de apropiación en que el obrero sólo vive para multiplicar el capital, en que vive tan sólo en la medida en que el interés de la clase dominante aconseja que viva”.
“¡Y a la abolición de estas condiciones, llama la burguesía abolición de la personalidad y la libertad! Y, sin embargo, tiene razón. Aspiramos, en efecto, a ver abolidas la personalidad, la independencia y la libertad burguesa”. Abolir esa libertad de explotar al ser humano y de apropiarse de su trabajo en forma de ganancia. “Pues sí, a eso es a lo que aspiramos”.
“El comunismo no priva a nadie del poder de apropiarse productos sociales; lo único que no admite es el poder de usurpar por medio de esta apropiación el trabajo ajeno”.
3.- BURGUESÍA, PROLETARIADO Y NUEVA SOCIEDAD
La clase de los burgueses, al aniquilar la hegemonía del sistema feudal, se hicieron dueños de los principales medios de producción: de las fábricas que surgían, de las máquinas que se inventaban, de los medios de transporte, de la tierra y del sustancial capital acumulado.
“La existencia y el predominio de la clase burguesa tienen por condición esencial la concentración de la riqueza en manos de unos cuantos individuos, la formación e incremento constante del capital; y éste, a su vez, no puede existir sin el trabajo asalariado”.
“Dondequiera que se instauró (…) no dejó en pie más vínculo que el del interés escueto, el del dinero contante y sonante, que no tiene entrañas (…) Enterró la dignidad personal bajo el dinero y redujo todas aquellas innumerables libertades escrituradas y bien adquiridas a una única libertad: la libertad ilimitada de comerciar”.
En el capitalismo todo lo que pueda convertirse en dinero es convertido en mercancía. Hasta las actividades más nobles y sus ejecutantes se convierten en mercancía: el deporte y los deportistas, la música y los músicos, la medicina y los médicos, la educación y los maestros, y hasta la religión y los sacerdotes, se convierte en mercancía.
“La burguesía despojó de su halo de santidad a todo lo que antes se tenía por venerable y digno de piadoso acontecimiento. Convirtió en sus servidores asalariados al médico, al jurista, al poeta, al sacerdote, al hombre de ciencia”.
“La burguesía desgarró [hasta] los velos emotivos y sentimentales que envolvían la familia y puso al desnudo la realidad económica de las relaciones familiares”.
La burguesía se convirtió en clase dominante, en lo económico, en lo cultural y en lo político.
Al cambiar el dominio de clase, cambia el carácter y la forma del Estado. Se crea el Estado representativo para defender los intereses de la burguesía como clase hegemónica. En consecuencia, “…el Poder Público viene a ser, pura y simplemente, el Consejo de Administración que rige los intereses colectivos de la clase burguesa”.
Pero con todo ese Poder, la burguesía crea y desarrolla a su contrario: el proletariado; sin el cual no puede existir como burguesía y por el cual dejará de existir.
“En la misma proporción en que se desarrolla la burguesía, es decir, el capital, desarrollase también el proletariado, esa clase obrera moderna que sólo puede vivir encontrando trabajo y que sólo encuentra trabajo en la medida en que éste alimenta a incremento el capital. El obrero, obligado a venderse a trozos, es una mercancía como otra cualquiera, sujeta, por tanto, a todos los cambios y modalidades de la concurrencia, a todas las fluctuaciones del mercado”.
El Manifiesto plantea que “de todas las clases que hoy se enfrentan con la burguesía no hay más que una verdaderamente revolucionaria: el proletariado”, porque es la que más sufre la dominación y la explotación del capitalismo.
“El obrero se depaupera, y el pauperismo se desarrolla en proporciones mucho mayores que la población y la riqueza. He ahí una prueba palmaria de la incapacidad de la burguesía para seguir gobernando la sociedad e imponiendo a ésta por norma las condiciones de su vida como clase”.
El proletariado es la clase antagónica fundamental y decididamente revolucionaria frente a la burguesía.
“Tiemblen, si quieren, las clases gobernantes, ante la perspectiva de una revolución comunista. Los proletarios, con ella, no tienen nada que perder, como no sea sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo entero que ganar”.
Ahora bien, al emanciparse a sí mismo de la dominación de la burguesía, el proletariado libera también a todos los grupos, clases y sectores oprimidos de la sociedad, y libera a la sociedad humana como un todo de la barbarie del modo capitalista de existir.
Porque “la sociedad no puede seguir viviendo bajo el imperio de esa clase; la vida de la burguesía se ha hecho incompatible con la sociedad”.
Ya importantes experiencias revolucionarias han confirmado en parte esta profecía social contenida en El Manifiesto del Partido Comunista. El devenir histórico de poco más de un siglo y medio ha mostrado episodios de ese “mundo entero que ganar”.
El proletariado y el campesinado pobre han demostrado que sí es posible derrocar a las clases gobernantes, que sí es posible desplazar del Poder a la burguesía y a los terratenientes, aunque no siempre definitivamente.
Algunas experiencias resistieron dos meses, como la Comuna de París de 1871. Otras se mantuvieron décadas o pocos años, hasta que resultaron derrotadas. Otras todavía se mantienen y también insurgen nuevas experiencias revolucionarias contra el sistema capitalista; algunas muy peculiares y en proceso, como la Revolución Bolivariana en Venezuela.
De las grandes experiencias históricas que desplazaron a la burguesía y a los terratenientes del Poder es innegable el papel determinante de la Revolución Socialista Rusa de 1917, que durante 70 años contribuyó -aún con sus deficiencias- a la emancipación del proletariado y el campesinado pobre.
También es preciso destacar el impacto mundial de la Revolución China de 1949 y la victoria de la Revolución Cubana de 1959 en el continente americano.
El proletariado, con sus aliados, derrocará definitivamente a la burguesíay echará las bases de su poder, para construir la Nueva Sociedad: la sociedad comunista, la sociedad de la igualdad, del trabajo de todos, sin explotados ni explotadores. Esa es la perspectiva.
¿Cómo se construirá esa Nueva Sociedad?
No será obra de un milagro o por arte de magia. Será un proceso de construcción y de transiciones, de superación del capitalismo rumbo al socialismo y del socialismo avanzar al comunismo.
Si el imperialismo es la fase superior del capitalismo, el comunismo es la fase superior del socialismo.
El Manifiesto señala que “El objetivo inmediato de los comunistas es (…): formar la conciencia de clase del proletariado, derrocar el régimen de la burguesía, llevar al proletariado a la conquista del Poder”.
Y destaca que la democracia sólo es posible con el proletariado en el Poder: “…el primer paso de la revolución obrera será la exaltación del proletariado al Poder, la conquista de la democracia”.
Esa democracia -decimos- debe ser entendida como democracia para las mayorías, que es la única democracia posible; es decir, la conquista de la Democracia Revolucionaria, la Democracia Socialista. Es evidente que una democracia así, verdadera, será una dictadura para la burguesía. Y la burguesía nunca aceptará esa democracia y luchará por todos los medios y en todo momento para no perecer como clase dominante.
Para enfrentar con éxito esa realidad irreconciliable, “El proletariado se valdrá del Poder para ir despojando paulatinamente a la burguesía de todo el capital, de todos los instrumentos de la producción, centralizándolos en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase gobernante, y procurando fomentar por todos los medios y con la mayor rapidez posible las energías productivas”.
“Tan pronto como, en el transcurso del tiempo, hayan desaparecido las diferencias de clase y toda la producción esté concentrada en manos de la sociedad, el Estado perderá todo carácter político (…) Y a la vieja sociedad burguesa, con sus clases y sus antagonismos de clase, sustituirá una asociación en que el libre desarrollo de cada uno condicione el libre desarrollo de todos”.
Finalmente, El Manifiesto no es un catecismo del determinismo económico, como algunos desde la izquierda y la derecha reprochan a los comunistas. Ese pequeño folleto universal del siglo XIX que ha trascendido al siglo XX y al siglo XXI, considera en forma dialéctica el desarrollo de las condiciones materiales y espirituales de la sociedad, las condiciones objetivas y subjetivas en la construcción de la Nueva Sociedad.
“La historia de las ideas es una prueba palmaria de cómo cambia y se transforma la producción espiritual con la material. Las ideas imperantes en una época han sido siempre las ideas propias de la clase imperante (…) a la par que se esfuman o derrumban las antiguas condiciones de vida, se derrumban y esfuman las ideas antiguas”.
“La revolución comunista viene a romper de la manera más radical con el régimen tradicional de la propiedad; nada tiene, pues, de extraño que se vea obligada a romper, en su desarrollo, de la manera también más radical, con las ideas tradicionales”.
Ahora más que nunca El Manifiesto del Partido Comunista sigue siendo una obra imprescindible para el debate ideológico y para la acción revolucionaria creadora en el complejo siglo XXI.
Ahora más que nunca ¡El Socialismo sigue siendo la esperanza de los pueblos!