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Intervención
en el II Taller Internacional “Las redes sociales y los medios alternativos,
nuevo escenario de la comunicación política en el ámbito digital”.
La batalla
de la izquierda y las redes sociales
La Habana, febrero 2013.
Las
nuevas tecnologías, internet, las redes sociales han llegado a la ciudadanía
con una aureola de democratización, participación e igualitarismo que conllevó
una fascinación progresista unida a la ya de por sí inherente de la
tecnológica.
No solamente se trataba de aparatitos, formatos y soportes
fascinantes tecnológicamente -como toda tecnología innovadora-, sino que además
resultaban -en tanto que igualitarias y baratas- libertadoras en la medida en
que parecía que rompían el monopolio de la difusión de los grandes grupos de
comunicación y las grandes empresas. No se podía pedir más. No negaremos que
parte de todo esto es verdad, pero no basta con esa conclusión, existen muchos
más elementos en torno a las nuevas tecnologías de los que debemos estar
alertados y preparados; y es necesario poner en tela de juicio ese mito
progresista respecto al nuevo fenómeno comunicacional.
Debemos de
plantearnos si las redes sociales son un elemento de socialización o, por el
contrario, de aislamiento. Ya sabemos que el 39% de los usuarios de redes pasa
más tiempo socializado a través de estos canales que con otras personas cara a
cara. Y en cuanto a las motivaciones que les llevan al uso de las redes y los
contenidos y temáticas que les ocupan, el exhibicionismo de la intimidad, la
vanidad y el egocentrismo priman en redes como Facebook por encima del interés
por formarse cultural o intelectualmente. Se piensa que los formatos de estas
redes son un fenómeno de revolución popular de signo progresista, pero, como en
la mayoría de los productos culturales promovidos por el mercado moderno, el
dominio sigue siendo de la frivolidad, un estudio de Twitter mostró en 2012 que
los picos de actividad coincidieron con los goles de la Eurocopa, cuando los
usuarios usaban la red social para celebrarlo [1] . El futbolista Fernando
Torres tenía 318.714 seguidores en Twitter y lo único que había escrito en la
red era un tuit, en inglés, medio año antes diciendo algo así como “Todavía no
he empezado en Twitter, pero esta es mi página oficial y ya está lista para
cuando llegue el momento oportuno”. De modo que había cientos de miles de
personas siguiendo a alguien que no decía nada.
La
importancia que se da a las redes sociales es tal que se dice que algunos
medios seleccionan a sus colaboradores y columnistas según el número de
seguidores que tienen en las redes sociales. El profesor francés Salim Lamrani
demostró que la bloguera anticastrista de fama mundial Yoani Sánchez,
colaboradora en numerosa prensa europea, había inflado su Twitter con miles de
seguidores falsos.
El supuesto
igualitarismo democratizador de las redes sociales ha tenido, no se puede
negar, elementos positivos, como el fin del oligopolio de la agenda y la
selección informativa de los grandes medios, pero también tiene su cara
negativa. Se trata de la ausencia de brújula que nos oriente para distinguir lo
valioso de lo irrelevante, lo riguroso del rumor, lo verdadero de lo falso, el
especialista del improvisador, el análisis del brillante del comentario de bar.
Que yo pueda pontificar sobre política con la misma autoridad que Kissinger o
de economía con la misma contundencia que Friedman nos puede enorgullecer a los
críticos del control de la información por parte de los poderes, pero no supone
necesariamente sustituir el pensamiento dominante del establishment por el
pensamiento alternativo crítico. La catarata de internet nos ofrece sin
distinción el estudio riguroso, el dato valioso, el argumento elaborado, la
tesis consparanoica sin fundamento, la cifra falsa, la suplantación de un
testigo, el megalómano mentiroso, el vanidoso cansino, la trivialidad banal. No
quisiera que se me confundiera y se pensase que estoy defendiendo el elitismo,
la historia está repleta de supuestos especialistas y doctos que sólo eran unos
mediocres pero, para cambiar y mejorar el mundo, es necesario orientarse en la
niebla y el vocerío estruendoso puede ser tan estéril que también puede
colaborar con la reacción e impedir el cambio. Mi propuesta no es renunciar a
las redes sociales ni a otras muchas opciones que nos abre la red, sino tener
claras sus limitaciones e intentar rectificar la deriva de sus contenidos y el
perverso uso mayoritario que la ciudadanía le está dando.
Un objetivo
ideológico
Hemos de
considerar que si bien la aparición de internet ha supuesto una libertad de
información -y de desinformación- sin precedentes y el fin del oligopolio de la
distribución de esta información, en la red siguen siendo desproporcionadamente
poderosos los mismos que fuera de ella. Las grandes empresas desarrollan
métodos de presencia e influencia abrumadora sobre el contenido de internet: a
través de colaboradores pagados en foros y webs, mediante influencia en
buscadores, inversiones en diseños y tecnología que desarrollan sus proyectos
en internet. Tampoco olvidemos que lo más leído en la red en cuanto a
información siguen siendo los grandes medios tradicionales, incluso son los más
referenciados en las redes sociales. Según datos del Instituto Nielsen
NetRatings publicados por Le Monde y citados por Ignacio Ramonet, “de entre los
doscientos sitios web de información online más visitados de Estados Unidos,
los medios tradicionales representan un 67% del tráfico” y “el 80% de los
enlaces que encontramos en las webs informativas, los blogs o las redes
sociales norteamericanos remiten a medios de comunicación tradicionales”.
Concluye Ramonet que “en internet, el fenómeno de la concentración de
información y de la escasez de pluralismo, aunque de naturaleza diferente, no
es menos importante que en la prensa tradicional” [2].
Por otra
parte, y recordando a Guy Debord, el formato espectacular de imagen, color,
movimiento, interacción y superficialidad de la información actual ya es, en sí
mismo, ideología: “El espectáculo es la ideología por excelencia, porque expone
y manifiesta plenamente la esencia de todo sistema ideológico: empobrecimiento,
servidumbre y negación de la vida real”. [3]
Son
numerosos los elementos de ideologización que encontramos en los nuevos
formatos y el nuevo patrón informativo que se está imponiendo. Para empezar los
motores de búsqueda ya incorporan un sesgo reaccionario y conservador. Sus
criterios priman lo mayoritario, lo popular, el consenso dominante, no solo a
la hora de priorizar las temáticas, sino también las tesis sobre esos temas,
los autores, los portales informativos. En una biblioteca uno encontraba el
libro del pensador reaccionario al lado del pensador rupturista, en cambio
Google nos ofrece los primeros diez enlaces del autor y el medio dominante y el
alternativo o contracorriente aparece mucho después. Los grandes medios pueden
disponer de técnicos y complejas estrategias informáticas para lograr un buen
posicionamiento en los motores de búsqueda, en algunos casos incluyen en sus
contenidos determinadas palabras claves que saben que son las más buscadas por
los internautas. Tenemos así otra nueva forma de adulteración de la información
que se intoxica para triunfar en Google.
Propietarios
Para
aproximarnos al ideario de los principales interesados en el nuevo modelo
informativo tecnológico podemos hacer un somero repaso de los accionistas de
las principales empresas, es decir, quienes financian y reciben beneficios de
este modelo.
En primer
lugar tenemos al gigante Google, que cotiza en el Nasdaq y es propietario,
entre otras empresas y servicios, de Youtube y de Motorola Mobility. Entre sus
accionistas, junto a los fundadores Sergey Brin y Larry Page, se encuentra Eric
Schmidt, miembro del Club Bilderberg, fue el presidente y director general de
Google hasta abril de 2011. También Ram Shriram, antes directivo de Netscape y
de Amazon. Entre los inversores institucionales, básicamente se encuentran
grandes fondos de inversión de capital riesgo como FMR LLC, The Vanguard Group,
Inc., State Street Corporation y otros más.
En cuanto a
Facebook sabemos que recaudó unos 18.000 millones de dólares con su salida a
Bolsa, esa operación la gestionó Morgan Stanley, que estuvo al frente de la
operación junto Goldman Sachs y JP Morgan. Su fundador, Mark Zuckerberg, posee
el 18,4% de la compañía. Entre los principales accionistas y directivos se
encuentra Goldman Sachs, un banco que, como se recordará, estuvo implicado en
la crisis financiera de Estados Unidos en 2008. También estuvo involucrado en
el origen de la crisis financiera de Grecia de 2010-2011, ya que ayudó a
esconder el déficit de las cuentas griegas del gobierno conservador. Otro
accionista de Facebook es Erskine Bowles (también es miembro de la junta
directiva), fue alto cargo de la administración Clinton y ahora de la de Obama
como presidente de la Comisión Nacional de Responsabilidad Fiscal y Reforma.
Además es miembro de la junta directiva de General Motors , Morgan Stanley y
Norfolk Southern Corporation. También tenemos a Sheryl Sandberg, quien trabajó para
Google y el Banco Mundial. Fue jefa de gabinete en el Departamento del Tesoro
en la Administración Clinton. Pertenece al directorio de empresas como Walt
Disney y Starbucks. Y Reed Hastings, director ejecutivo de Netflix, un
proveedor de internet estadounidense, y miembro del consejo de administración
de Microsoft, además del de Facebook.
La mayoría
de los accionistas de Twitter proceden de firmas de capital de riesgo como
Spark Capital, Union Square Ventures, Kleiner Perkinsm Benchmark Capital, Institutional
Venture Partners, T. Rowe Price, y DST Group. La empresa está obsesionada con
que no sean más de 500 para no tener que cotizar en bolsa y no hacerlos
públicos. Se sabe que entre los accionistas de Twitter se encuentra el príncipe
saudí Alwaleed bin Talal, quien anunció en diciembre de 2011 que había
adquirido una participación de 300 millones de dólares. Skype ha sido comprada
recientemente por Microsoft y Tuenti es propiedad en su mayoría de Telefónica.
A todo lo
anterior podemos añadir los intereses empresariales de los consorcios de
fabricación de teléfonos móviles, la industria de la informática y las
operadoras de telefonía e internet. En conclusión, una vez más, detrás de las
empresas de los nuevos formatos de comunicación, están los grandes grupos de
inversión mundiales junto con algunos multimillonarios de la nueva economía, es
fácil deducir la ideología que promoverán.
Censura
La propiedad
privada de las empresas tecnológicas y sus soportes tecnológicos modernos les
permiten todo tipo de censura que, asombrosamente, es aceptada por ciudadanía y
los poderes públicos. Se considera a redes sociales como Facebook y soportes
como Youtube ejemplos de logros en la democratización de la información sin
percibir que se trata de empresas privadas que, mediante un teclazo desde sus
centros de control, pueden eliminar un contenido díscolo y hacer desaparecer a
un usuario con la resignación de una sociedad que nunca se plantea que estamos
ante un ataque a la libertad de expresión. Facebook veta imágenes que no le
gustan y expulsa de sus páginas a colectivos que le parecen indeseables. En
junio de 2012, Facebook censuró una portada de la revista de humor española El
Jueves alusiva a Merkel y Rajoy y comunicó al administrador que la había
colgado que se le sancionaba con 30 días sin poder subir contenidos a la red
social. [4] Si la revista se seguía distribuyendo con normalidad en los
quioscos y, en cambio, en la red social Facebook no se permitía y se sancionaba
al usuario estábamos sufriendo, de manos de las redes sociales, un retroceso de
la libertad de expresión.
Las noticias
de grupos sociales que ven eliminada su página de Facebook son constantes, en
abril de 2011 diferentes colectivos que protestaban en el Reino Unido contra
los recortes de su gobierno denunciaron el cierre de sus páginas en esta red
[5] . Ese mismo mes unos activistas españoles del 15M denunciaban que el
anuncio de su manifestación, con más de veintitrés mil asistentes confirmados,
era borrada de varias de sus páginas. [6] Youtube elimina vídeos bajo cualquier
argumento insostenible, como sucedió con la cuenta del portal Cubadebate por un
vídeo que denunciaba el apoyo financiero que recibía el terrorista Luis Posada
Carriles [7] , autor intelectual de la explosión de un avión civil cubano que
provocó la muerte de 73 personas. Algunos usuarios también denunciaron que les
borraron vídeos de Youtube, al igual que su cuenta de usuario, argumentando que
violaban derechos de autor cuando se trataba de imágenes de televisiones
públicas que las emitían y las cedían para libre uso. [8] Las denuncias de los
afectados por esas acciones nunca tienen gran trascendencia ni ninguna
viabilidad legal puesto que son empresas privadas que, desde su casi monopolio
del servicio y con una imagen internacional de comunicación libre y gratuita,
aplican la censura con regularidad. Por su parte, los internautas cubanos
denunciaron que Google ha vetado a los habitantes de ese país el uso de su
servicio Google Analytics, a través del cual los administradores de páginas web
conocen las estadísticas de accesos. En cambio la empresa sí puede seguir
utilizando esos datos para sus cálculos y negocios. [9] Es ingenuo creer
que nos van a dejar su logísticas, es como si un grupo de Panteras Negras se
quisieran reunir en un local de McDonalds.
El modelo de
funcionamiento de las redes puede ser claramente reaccionario y conservador.
Obsérvese, por ejemplo, que en Facebook aparece siempre la opción “me gusta”,
pero no existe la correspondiente “no me gusta”. “Se trata de impedir,
obviamente, la sanción de marcas y productos que puedan ser futuros anunciantes
o inversores. Pero también se inscribe de lleno en ese ciberoptimismo por el
que se incita a la producción constante (inteligencia colectiva) y se desprecia
la crítica y, sobre todo, la inacción, la huelga, la renuncia”. [10]
Ciberactivismo
“El riesgo
de internet es pensar que se vive la democracia en directo, cuando sólo es una
democracia virtual. Internet no es más que la continuación de la utopía de
querer hablar directamente con todo el mundo; el problema es pensar que eso va
a resolver nuestros problemas reales” [11] .
Nuestro
activismo político se despeña por una pendiente hacia la virtualidad de los
manifiestos y firmas en la red, el sexo ha alcanzado la higiene absoluta y la
desinhibición total gracias al mundo virtual, los amigos no están en el bar
sino en el facebook, seguirán contabilizados aunque mueran mañana. Las
autopistas son virtuales porque son las “autopistas de la información”. Pero
mientras sucede todo esto, las guerras y las hambrunas nada virtuales con sus
muertos no virtuales y los armamentos y criminales que las provocan, tampoco
virtuales, siguen existiendo. Del mismo modo, nuestro salario y nuestras
prestaciones sociales nos las están disminuyendo de forma real, mientras
seguimos conectados al mundo virtual. La ofensiva tecnológica-virtual parece
diseñada para sacarnos de la realidad auténtica y meternos en una realidad
virtual con el objetivo de neutralizarnos. Existen juegos en internet para niños
-y adultos- en el que el sistema te premia con “créditos” para comprar objetos
virtuales previo envío de SMS con un coste en euros reales. Es decir, cambian
con toda impunidad dinero real por dinero virtual. Del mismo modo actúa gran
parte de la revolución tecnológica: nos roba nuestra vida real, sobre todo si
puede ser potencialmente crítica y subversiva, y nos la cambia por vida
virtual. Ese es uno de los objetivos de la denominada brecha digital, mientras
los empobrecidos del mundo mueren de hambre, los que tienen para comer son
aprehendidos y llevados al mundo virtual, el mundo feliz de Aldous Huxley donde
no tendrán por qué preocuparse de los pobres. Toda esta catarata tecnológica
tiene como objetivo principal el aislamiento del individuo.
Exponer esta
tesis en Cuba, donde sus ciudadanos sufren grandes dificultades para el uso de
internet debido al bloqueo de Estados Unidos que impide que la isla acceda con
normalidad al ciberespacio puede parecer inoportuno, pero yo vengo de una
Europa abducida por las redes y creo necesario advertir a los cubanos de esa
posibilidad.
Espectáculo
y alineación
Los nuevos
soportes y formatos están desarrollando un modelo informativo superficial y
simplista de la realidad y del pensamiento. Si lo analizamos desde el punto de
vista ideológico, estaremos de acuerdo en que la superficialidad sintoniza más
con un ideario que no pretenda cambiar las estructuras de poder vigentes, que
fomente el acomodo de los ciudadanos al modelo dominante. En cambio, un ideario
que pretenda desarrollar el análisis inductivo, el pensamiento crítico, que
ponga en tela de juicio las estructuras de poder, requiere una información y un
pensamiento más elaborado, más profundo y argumentado.
Redes
físicas
Frente a las
redes virtuales, debemos apostar por construir redes reales. Para ello, el
primer paso es reconocer que las virtuales nunca pueden sustituirlas, tanto si
pretenden fortalecer lazos de amistad como si buscan organizar a la ciudadanía
socialmente para cualquier objetivo. Las redes de internet son precarias,
coyunturales e impiden establecer lazos firmes entre sus miembros. Aunque
resulte una obviedad, no hay que dejar de insistir en que los “amigos” de
Facebook no son amigos. Unas redes firmes, sólidas y duraderas requieren
personas que se encuentren físicamente en el mundo real, que se enfrenten a
situaciones de la vida real en lugares físicos, cara a cara, que discutan sobre
problemas comunes, objetivos y planes de acción. Todo ello sin la mediación de
máquinas. Las redes sociales y el mundo virtual han socavado el histórico
derecho de reunión y lo han sustituido por un hecho social alucinatorio: la
falsa conciencia de reunión, la 'ilusión de reunión'. La conciencia
espectadora, presa de la pantalla, tras la cual ha sido deportada la propia
vida, sólo encuentra interlocutores ficticios que desemboca en un autismo
espectacular [12] . En palabras premonitorias de adónde nos ha llevado
internet, Guy Debord afirmó que “la 'misión histórica de instaurar la verdad en
el mundo' no pueden realizarla ni el individuo aislado ni la muchedumbre
atomizada”. Y, hoy, cada uno de nosotros, frente a nuestro ordenador, no somos
otra cosa que muchedumbre atomizada. La alternativa según Debord era el Consejo
Obrero como forma desalienada de la democracia. Sí, un término, el de Consejo
Obrero, que puede parecer arcaico, pero que no es otra cosa que el encuentro
físico de seres humanos oprimidos con el objetivo de liberarse y de cambiar el
mundo. Vicente Romano, en su Ecología de la Comunicación, plantea que hay que
“reivindicar, proteger y fomentar los espacio experimentales, los lugares
públicos, contra la retificación (red, tejido) telemática de la sociedad” [13]
. En su opinión, “es menester el entorno natural y social vivo, en vez de los
sistemas tecnológicos rígidos en los que los seres humanos están fijos en el
sentido del diálogo persona-máquina. Para ello reivindica “espacios
sensorialmente perceptibles en donde pueda desplegarse la profusión social y
humana al instante”. Romano los denomina “lugares del tiempo”, y son “lugares
del encuentro, de entrar en contacto: mercados, plazas, campos deportivos,
patios, cafés, iglesias, etc.” Es importante insistir en que la comunicación no
presencial es imaginaria. La presencia real, en cambio, es física, orgánica, material.
Estamos donde estamos, y en ningún otro sitio, e interactuamos donde estamos de
verdad. Tendemos cada vez más a atenuar la diferencia que existe entre esos dos
tipos de presencia. [14] El escritor Isaac Rosa nos puso el ejemplo de las
movilizaciones de los mineros españoles en el verano de 2012: ·
Mientras
nosotros escribimos posts y tuits de denuncia contra los recortes (yo el
primero), ellos se encierran en los pozos, paralizan el tráfico, levantan en
pie de guerra comarcas enteras, y finalmente echan a andar por la carretera.
Mientras nosotros pintamos ingeniosas pancartas y componemos simpáticos
pareados para gritar en manifestación, ellos se enfrentan a cuerpo con la
Guardia Civil. Mientras nosotros retuiteamos y damos miles de “me gusta” para
apoyar las reivindicaciones de los colectivos más castigados, ellos van pueblo
por pueblo dando y recibiendo abrazos, compartiendo comidas y techo. Mientras
esperamos al próximo aniversario para volver a tomar las plazas, ellos se
plantan en la Puerta del Sol tras haber hecho suyas las plazas de todas
aquellas localidades por las que pasaron.
La lección
está clara: ante el ataque total contra los trabajadores, estos no son tiempos
de hashtag, sino de barricada. Frente a la solidaridad efímera de la red social
y la indignación inofensiva, son tiempos de caminar juntos, de compartir
encierro o marcha, de encontrarse en las calles, de abrazarse como ya no nos
abrazábamos, como estos días se abrazaban los mineros con quienes los esperaban
a la entrada de cada pueblo. [15]
Con este
evento Cuba ha demostrado ser nuevamente pionera. Al reunirnos aquí ha
convertido en tangible y real el mundo virtual que yo estoy criticando. Aquí
algunos se han calificado de “cibermambís”, pero yo quiero precisar que los
cubanos lograron su independencia de España con mambís reales, si se hubieran
quedado en cibermambís, todavía gobernaríamos los españoles. Y Fidel Castro no
vino en un “cibergranma” vino en el Granma, un barco físico y real.
Jugar en
terreno enemigo
Nadie deberá
pensar que vamos a negar el gran avance que ha supuesto internet en numerosos
aspectos. Desde el ámbito de la educación al de la comunicación entre las
personas y, por supuesto, en el periodismo. Especialmente, y ese logro nunca
debemos olvidarlo, para terminar con la exclusividad informativa que tenían las
grandes empresas. La generación puente de periodistas críticos que conocimos la
profesión antes de internet y después, podemos constatar la dificultad que
teníamos antes para difundir algún texto y lo sencillo que es ahora. Hace
veinte veinte años no conseguíamos un medio donde colocar nuestra información,
ahora lo difícil es conseguir que el medio pueda ser descubierto por los
lectores. En cualquier caso, una de las paradojas a las que nos enfrentamos ante
las nuevas tecnologías, los modernos hábitos de la información y las redes
sociales es que, por muchas críticas que les señalemos, no podemos mantenernos
al margen porque nos veríamos barridos del panorama. Muy a nuestro pesar, nos
vemos obligados a jugar en un terreno enemigo y empobrecedor pero si no lo
hiciéramos nos encontraríamos expulsados del juego directamente. Esto es muy
importante para Cuba, necesitada de mejorar sus servicios de conectividad y
desarrollo tecnológico.
Si alguien
cree que pretendo que el lector abandone su tablet, sus redes sociales, su
iPhone o cualquier otro artilugio de los cuales parece que reniego, se
equivoca. Mi intención no es otra que adjuntar una especie de advertencia de
efectos secundarios, peligros de sobredosis, medidas de prevención y
recomendaciones para el buen uso. Podríamos establecer un paralelismo con
respecto a otros entornos perversos, como el de las armas. Los movimientos
populares, los regímenes democráticos y participativos no pueden estar a favor
del uso de la violencia y del armamento, pero no pueden permanecer en el
tablero internacional sin medios de defensa porque serían derrocados
inexorablemente. De ahí que debemos responder a quienes nos califican de
incoherentes e hipócritas a los que criticamos las modernas tecnologías y sus
formatos comunicacionales y al mismo tiempo las utilizamos. Efectivamente, es
como ese pueblo pacífico, humano y solidario que odia las pistolas, pero que
sabe que las necesitas para defenderse. Yo mismo uso mi teléfono móvil como la
mayoría de los ciudadanos, envío SMS, mantengo un blog, dispongo y consulto mi
cuenta de Twitter; no se trata de cargar contra la tecnología, sus ventajas son
indiscutibles y su presencia y utilización inevitables. La cuestión no es hacer
que desaparezca, sino qué hacer y cómo con lo que existe. El hecho de que
algunos denunciemos sus elementos adversos, intentemos desmitificarlas y
advirtamos del daño que pueden estar causando no deben impedir que las
utilicemos, porque, como ya hemos señalado, están aquí, no podemos renunciar a
ellas y además apreciamos sus ventajas. Lo mismo que no podemos exigir a un
ecologista que no viaje en avión a ver a su familia que vive a dos mil
kilómetros o al comunista que no se coma una mariscada, tampoco los que nos preocupamos
por la involución de la información con los nuevos formatos y tecnologías vamos
a volver a la máquina de escribir o renunciar a internet. No somos la versión
moderna de los ludistas ingleses que se oponían a la revolución industrial en
el siglo XIX. Nuestro objetivo es intentar nadar y avanzar en este océano que
nos ha tocado vivir y, para ello, buscar propuestas e iniciativas viables y que
permitan combinar lo positivo de nuestros tiempos con los valores intemporales.
Incluso en los contenidos supuestamente irreverentes y subversivos de nuestros
medios alternativos debemos recordar que solo pueden tener sentido si tienen
como objetivo la transformación del mundo, de otro modo, como también nos
descubrió Debord, estarán condenados a convertirse solo en espectáculo.
Notas
[1] “Eurocopa 2012: Twitter celebra los goles de la
televisión”. Periodistas 21, 2-7-2012
[2] Ramonet, Ignacio. La explosión del periodismo.
Clave Intelectual, Madrid, 2011.
[3] Debord, Guy. La sociedad del espectáculo.
Pre-Textos, Valencia, 2010
[4] El Jueves, 14-6-2012 http://www.eljueves.es/2012/06/14/facebook_veta_nuestra_portada_merkel_rajoy_plan_sadomaso.html#
[5] The Guardian,
24-4-2012 http://www.guardian.co.uk/technology/2011/apr/29/facebook-accused-removing-activists-pages
[6] Barrapunto.com, 12-4-2011 http://barrapunto.com/~manje/journal/35852
[7] Cubadebate.cu, 13-1-2011 http://www.cubadebate.cu/noticias/2011/01/13/censura-de-youtube-a-cubadebate-desato-movimiento-solidario/
[8] lubrio.blogspot.com.es
, 13-6-2012 http://lubrio.blogspot.com.es/2012/06/rcn-y-venevision-usan-youtube-para.html
[9] La pupila insomne. 19-6-2012 http://lapupilainsomne.wordpress.com/2012/06/19/google-roba-datos-de-sitios-cubanos/
[10] Baños Boncompain, Antonio, Posteconomía. Hacia
un capitalismo feudal, Barcelona, Los libros del lince, 2012
[11] Citado por Rivière, Margarita. La fama. Iconos
de la religión mediática. Crítica, Barcelona, 2009.
[12] Debord, Guy. La sociedad del espectáculo.
Pre-Textos, Valencia, 2010
[13] Romano, Vicente. Ecología de la comunicación.
Hiru, Hondarribia, 2004
[14] Benasyag, Miguel y Del Rey, Angélique. Nunca
más solo. El fenómeno del móvil. La oveja roja. Madrid, 2007
[15] Rosa, Isaac. “Soy minero”. Eldiario.es, 11-7-2012
http://www.eldiario.es/zonacritica/2012/07/11/soy-minero/
Estas palabras están extraídas del libro “La
jibarización de la información”, cuya publicación está prevista en marzo de
2013 en la editorial Península.
BOICOT A LOS PRODUCTOS ISRAELIS
martes, 20 de noviembre de 2012
BOICOT A LOS PRODUCTOS ISRAELIS
Campaña Internacional FRENEMOS LA AGRESION ISRAELI AL PUEBLO PALESTINO DE GAZA
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CUBA Y EL COMUNISMO
lunes, 30 de julio de 2012
CUBA Y EL COMUNISMO
Por Darío Machado
Rodríguez [1]
Álvaro García Linera,
vicepresidente de Bolivia, en la presentación en La Paz del libro “Revoluciones
desde Abajo”, reivindicó el sustantivo “Comunismo” y lo hizo en estos términos:
“¿Qué decía Marx? ¿Qué es el socialismo? ¿Qué es el comunismo?. No es un ideal
que conciben cuatro amigos en un café, en un Manifiesto, no es el programa de
Pulacayo, ni es el programa del 70, ni es el Programa de Gotha; es el
movimiento real de la sociedad que se desenvuelve ante nuestros ojos y que
supera lo existente.”[2]
El comunismo es el
movimiento real, pero es también un horizonte, un propósito inédito en la
humanidad, que se ha constituido y construye como ideal por las
contradicciones, las desigualdades y las injusticias a lo largo de su historia
y que se constituye en ciencia, en la época del capitalismo. No existe, por
tanto, una contradicción entre el comunismo como movimiento real, como ideal y
como ciencia, aunque sí lógicamente diferencias.
Es el movimiento
real, que se nutre hoy de las contradicciones del capitalismo tardío
insalvables dentro de la lógica de ese sistema y del avance de la conciencia de
la humanidad; es ciencia, porque a partir del surgimiento del marxismo y del
descubrimiento del núcleo de contradicciones del sistema capitalista, se
echaron las bases teóricas para coadyuvar positivamente a su superación y es
ideal porque no es realidad aún en ningún rincón del planeta, es algo por lo
que hay que luchar.
Naturalmente, como
afirma García Linera, no es un ideal inventado por unas cuantas personas,
porque su existencia futura no está ni puede estar predeterminada en cuanto a
como será, sino solo en lo que no será, que es lo que puede verse hoy en el
sistema capitalista y que argumenta la necesidad de su superación. Su
realización tiene que ser el resultado de ese movimiento real. El hecho
trascendental del marxismo de haber puesto en evidencia las contradicciones
principales del capitalismo, su modo de existencia, sus consecuencias,
proporciona las bases para concretar acciones dirigidas a su superación; por
tanto, no solo el movimiento, sino también, la ciencia del comunismo y el
ideal, son procesos necesariamente cambiantes, cuya articulación y
rearticulación requiere de la acción humana. Creo que en ello radica, entre
otros aspectos, la insistencia de Fidel Castro en la importancia de las ideas,
de la batalla de ideas.
Ahora bien, la
elaboración de una ciencia del comunismo de alcance universal tiene en el
conocimiento del capitalismo, de sus contradicciones y realidades, solamente el
saber respecto de lo que es preciso superar, pero no la teoría ni el programa
de su superación que tiene determinaciones históricas locales, nacionales.
Si entendemos la
ciencia del comunismo, como el conocimiento no solo de las contradicciones
y realidades existentes en una sociedad dada, sino también y principalmente el
estudio de las condiciones, los caminos y objetivos posibles para su
superación positiva en una nación, en una cultura humana concreta, y
aunque la expansión mundial del capitalismo equipara en diferente medida las
realidades locales, vista la ciencia no como saber en sí, sino como mediación
positiva para el cambio, una ciencia del comunismo en Cuba (de la transición
socialista), será naturalmente anticapitalista por definición, pero tendrá que
elaborarse específicamente para las condiciones particulares de la sociedad
cubana y desarrollarse junto con la experiencia misma de la superación del
capitalismo, del que presiona desde afuera y del que hay adentro.
Lógicamente, también
ello aporta a una ciencia universal del comunismo, la cual se nutrirá de las
experiencias particulares del movimiento real que le otorgarán cientificidad.
En el siglo XIX, Marx y Engels vieron las posibilidades de superación del
sistema en el movimiento real que se produciría en los países capitalistas
desarrollados de la mano del proletariado que habría cobrado conciencia de
clase para sí y, más o menos al unísono, lógica que luego se extendería
inevitablemente a la periferia como hecho universal, total.
La historia demostró
que las cosas no ocurrirían así.
¿Socialismo
en un solo país? (I)
Durante el siglo XX
tuvo lugar la Gran Revolución Socialista de Octubre, iniciándose un proceso
paralelo, por una parte la creciente influencia de las ideas del socialismo en
el mundo y, por otra, el aprendizaje del capitalismo para perpetuar su sistema.
En este proceso se produjeron acontecimientos mundiales extraordinarios, las
crisis del sistema capitalista, la desaparición del sistema colonial, la
victoria sobre el fascismo en la Segunda Guerra Mundial, la revolución en
China, el surgimiento del Sistema Socialista de Europa del Este, el surgimiento
de la OTAN y posteriormente del Pacto de Varsovia, la creación de la ONU, la
revolución cubana, entro otros.
Cuando se produce la
revolución de octubre en Rusia, ya las ideas socialistas habían comenzado a
influir entre los trabajadores cubanos. El proceso de expansión del capitalismo
amplió exponencialmente el intercambio de información entre los terrícolas.
Entraron en las Américas las ideas del Iluminismo y de la revolución francesa
y, más tarde, las del marxismo.
Tanto las ideas
liberales de la revolución francesa, como después las socialistas del marxismo
tuvieron ecos de diferente magnitud en la conciencia y en la práctica de los
cubanos porque existían procesos locales que condicionaron su asimilación y
articulación, nutriendo de argumentos y acelerando la concientización de los
actores populares y las acciones en defensa de sus legítimos intereses.
En la última década
del siglo XIX ya se promovía entre los trabajadores cubanos el estudio de las
ideas socialistas revolucionarias, el marxismo comenzaba a entrar en Cuba, al
unísono con el desarrollo y crecimiento de las ideas y esfuerzos independentistas
y las luchas por los derechos de los trabajadores.
Las primeras
inquietudes de emancipación revolucionaria de los trabajadores vinieron de la
mano del anarquismo y del anarcosindicalismo. El desarrollo del imperialismo,
la intervención norteamericana, el surgimiento de la república mediatizada,
pondrían a prueba las ideas del marxismo y las luchas que siguieron serían la
fragua en la que se enriqueció la ideología revolucionaria cubana al calor de
la fusión de la lucha por la independencia nacional con la lucha por la
emancipación social.
Las ideas del
marxismo y su expresión en las formas organizativas de los trabajadores y del
pueblo dinamizaron las luchas populares en la primera mitad del siglo XX. La
lucha contra la dictadura de Gerardo Machado fue una fragua para el avance de
las ideas socialistas. Más tarde, y contra los gobiernos antiimperialistas de
turno, en particular la tiranía pro imperialista de Fulgencio Batista, el
marxismo continuó su gradual extensión e influencia. El líder de la generación
del centenario y sus principales referentes eran martianos y marxistas. Fidel
Castro lo explica así a Ignacio Ramonet: “Si nosotros no hubiéramos estudiado
el marxismo –esta historia es más larga, pero solo le digo esto-, si no
hubiéramos conocido por los libros la teoría política de Marx y si no
hubiéramos estado inspirados en Martí, en Marx y en Lenin, no habríamos podido
concebir la idea de una revolución en Cuba, porque con un grupo de hombres,
ninguno de los cuales pasó por una academia militar no puede hacer usted una
guerra contra un ejército bien organizado, bien armado e instruido
militarmente, y obtener la victoria partiendo prácticamente de cero. Tales
ideas fueron la materia prima esencial de la revolución.”[3]
El marxismo, a pesar
de toda la campaña contra las ideas socialistas y comunistas, promovida por el
maccarthismo y la guerra fría y de la persecución de la oligarquía criolla y
los gobiernos corruptos contra los líderes obreros y revolucionarios, tenía
presencia en Cuba y había fundamentado el desarrollo de formas
organizativas numéricamente pequeñas, pero de gran disciplina, abnegación y
espíritu de lucha.
Al triunfar la
revolución en 1959, los planos y niveles mediante los cuales la influencia de
las ideas marxistas se revelaban en nuestro país eran naturalmente los más
diversos, pero la ideología revolucionaria socialista era un vivo y activo
embrión con grandes potencialidades para desarrollarse, pero naturalmente no
era la ideología dominante ni podía serlo; a las mayorías ciudadanas[4] les
resultaba lejano, cuando no ajeno o negativo ese pensamiento.
Fueron las leyes
revolucionarias, el vigoroso impulso a la educación, la rápida apertura de
espacios a la participación ciudadana en todos los órdenes, la confianza en el
pueblo, la actitud de los jefes y miembros del Ejército Rebelde y de la
clandestinidad y la comunicación ideológica y política generada por el
liderazgo de la revolución, en particular por Fidel Castro, las que fueron
obrando el necesario cambio de mentalidad, hasta hacer comprender que los males
que aquejaban a Cuba eran producto del sistema capitalista dependiente y que
solo podría enrumbarse hacia su solución verdadera mediante cambios radicales
en el metabolismo socioeconómico y en el ejercicio de la política en el país.
La trasformación de
la mentalidad del cubano fue de tal rapidez y envergadura, que en apenas dos
años, las palabras socialismo y comunismo pasaron de ser abominadas a resumir
el ideal de emancipación y dignificación del ciudadano común.
En la base del cambio
estaban las realidades nacionales, las contradicciones e injusticias del
capitalismo dependiente. Todo un movimiento cultural político de colosal
envergadura, en el que se entremezclaban sucesivos pasos ascendentes en la educación
del pueblo, las experiencias crecientes en la actividad de la producción y la
defensa, los enormes desafíos que implicaban la intolerancia y agresividad
imperialistas, el ejercicio del poder ciudadano, la transformación radical que
puso los medios de comunicación social al servicio del pueblo, la incorporación
masiva a las tareas transformadoras de la revolución, constituyó el eje del
anclaje de la ideología socialista en las mayorías ciudadanas. En pocos años el
socialismo era el ideal universal de los cubanos.
Fueron años también
en los que la URSS y los países socialistas marchaban a pasos agigantados
alcanzando importantes logros en la producción, en la defensa y en las
investigaciones científicas fundamentales. Muchos países del llamado tercer
mundo se liberaban del yugo del colonialismo.
No se discutía
entonces si el socialismo era posible en un solo país, ese debate había quedado
archivado desde que el proceso de su construcción en la hoy desaparecida Unión
Soviética que había derrotado al nazifascismo alemán en la 2da. Guerra Mundial
y se levantaba como ave Fénix de sus cenizas, estaba demostrando en la práctica
que no solo era posible, sino que se irían sumando nuevas experiencias
socialistas en el mundo, aunque la inmensa mayoría en países de escaso
desarrollo económico y tecnológico y ninguna en un país con alto desarrollo
capitalista.
A finales de la
década de 1980 y principios de la de 1990, a Cuba, cuya sociedad había pasado
por diferentes experiencias de organización socialista del metabolismo
socioeconómico del país, y en un proceso de extensión del predominio de la
ideología socialista, le esperaba el mayor de los desafíos, que esta vez no
vendría de la mano del imperialismo norteamericano, sino de la debacle del
socialismo en Europa del Este y la URSS, cuyos efectos sobre Cuba se
sumarían inevitablemente a las agresiones y bloqueo económico de los EEUU.
La
desaparición de la URSS y del campo socialista de Europa del Este
Entre las acusaciones
repetidas a lo largo de décadas de propaganda contra el comunismo, está la de
denunciarlo como un sistema que somete a los individuos a su
despersonalización, que los iguala sustrayéndoles su voluntad, los uniforma en
el actuar y hasta en el vestir y en los gustos, les quita la libertad y la creatividad.
Lo cierto es que
ninguna sociedad humana ha alcanzado el ideal comunista, ni siquiera el
socialismo y su irreversibilidad, mientras que la homogeneización de la
humanidad, la imposición de un pensamiento único, la despersonalización de los
individuos ahora vulgares consumidores, la universalización de patrones de
consumo, gustos estéticos y modo de vida, la dictadura del mercado, venían
justamente de la mano del capitalismo tardío.
Pero mientras la
propaganda imperialista tergiversaba el ideal comunista, se recrudecía el
bloqueo tecnológico contra el campo socialista, las agresiones solapadas y el
debilitamiento mediante la carrera armamentista, los países socialistas que
finalmente colapsaron no contaron con las masas para defender el socialismo. Muchos
ya han adelantado sus criterios sobre el colapso del socialismo, solo quiero
destacar que los pueblos de la URSS y de las democracias populares del Este de
Europa no defendieron un poder que realmente no tenían. El modo con el que
se organizaba la experiencia socialista en esos países, nunca estuvo diseñado
así ni podía estarlo en el pensamiento de los clásicos del marxismo, quienes
tampoco especularon (eran científicos sociales) sobre el futuro, más allá de
adelantar algunos rasgos generales de una necesaria transición.
La teoría de Marx
señalaba la necesidad de un agotamiento de la capacidad de las relaciones de
producción de asimilar el desarrollo de las fuerzas productivas, para que se
generara una época revolucionaria, mientras que la Revolución de Octubre fue el
resultado de un conjunto de agudas contradicciones sociales, de una opresión
inicua contra el pueblo, de un agotamiento insoportable como resultado de la
primera guerra mundial y de un estado intolerable de abuso, pobreza y miseria,
en medio del cual Lenin y quienes compartieron su visión decidieron enrumbar
sus esfuerzos por un difícil y riesgoso camino para tomar el poder, cuando
Rusia estaba muy lejos del desarrollo capitalista. Pero la historia demostró
que la decisión era justa.
La revolución rusa,
la toma del poder político no eliminaba ni podía hacerlo la relación
contradictoria entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones
sociales de producción, pero la colocó en otra perspectiva por la acción
consciente del sujeto social.
Al imponer desde el
poder político relaciones de producción exentas de la explotación del trabajo
asalariado por el capital anuló el fundamento de la contradicción
trabajo-capital liberando así colosales magnitudes de energías creadoras de los
trabajadores para avanzar en el desarrollo de las fuerzas productivas, pero
ahora junto con un necesario proceso de transformación cultural cuyo final
previsible era la satisfacción de las necesidades de los trabajadores, la
justicia social, el colectivismo, la solidaridad, la cooperación.
El desafío interno y
externo de la revolución rusa de octubre de 1917 fue enorme y también lo fueron
los adelantos que alcanzaron guiados por el poder soviético y el ideal
comunista. Más allá de los errores de la ignorancia [5]
y el atraso, y de las insuficiencias lógicas de una teoría de la construcción
del socialismo, camino inédito para la humanidad, la URSS llevó adelante
grandes planes de electrificación e industrialización, generó un desarrollo
material y espiritual capaz de asimilar el gigantesco desafío de la invasión de
la Alemania nazi e imponerle la derrota, cargando con el peso principal en los
costos humanos y materiales de esa conflagración mundial.
En la posguerra, los
soviéticos levantaron de nuevo su país, su influencia creció en el ámbito
europeo y mundial y con ello las ideas socialistas.
Sin embargo, también
es una realidad que si bien la URSS hizo importantes saltos en el desarrollo de
la industria básica y la agricultura mecanizada, alcanzó un alto nivel en las
investigaciones fundamentales y en sus medios defensivos al punto de
neutralizar las tentaciones del capitalismo mundial de destruir manu
militari ese experimento socialista, en la URSS arraigó el verticalismo,
no se desarrolló la democracia socialista, se cometieron abusos de poder, no
lograron una teoría eficiente de su transición socialista, algo que tampoco
alcanzaron otros países socialistas de Europa del Este, donde no necesariamente
funcionaría lo que se estaba haciendo en la Unión Soviética. Recordemos
aquella frase el XXII Congreso el PCUS: “Esta generación vivirá en el
comunismo”.
El ejercicio del
poder político, el edificio jurídico, la organización y la economía no podían
anclar en la sociedad con el esquema impuesto, cuando la ciudadanía misma
necesitaba otro medio social para desarrollarse satisfactoriamente. Las
posibles soluciones experimentales a través de una amplia, activa y consciente
participación social que nutrirían el desarrollo de una teoría eficiente de la
construcción socialista estaban impedidas por la separación entre la ciudadanía
y el poder político, que a la postre resultó letal.
La conquista del
poder político, si bien permite una gestión consciente para adelantar el
desarrollo y hacerlo con criterios racionales compatibles no solo con los seres
humanos, sino también, con la naturaleza, con el medio ambiente, no puede, so
pena de un enorme desgaste, desafiar realidades que son inherentes a la
sociedad en transición socialista, en el intento de avanzar más de lo posible y
de un modo más arbitrario que científico. Y es precisamente ahí donde ha habido
improvisación en más de una experiencia de orientación socialista. Desde la
política y la orientación ideológica se puede mucho, pero no se puede todo. Lo
posible define los límites de lo necesario y la determinación de lo posible no
es una apreciación arbitraria, individual o grupal, se requiere de un enfoque
científico, de una teoría general de la transición socialista que fundamente
los programas de acción.
Lenin había alertado
más de una vez oportunamente acerca de que el primer deber de toda revolución
es defenderse. Pero esa defensa solo sería efectiva si descansa en los hombros
de los trabajadores. Fue efectiva cuando la urgencia de una amenaza militar
externa imperialista y racista y la inminencia del peligro de muerte
acompañaron con el patriotismo la defensa del poder político. El Estado
multinacional soviético desarrolló una capacidad militar superior y sus armas,
sus leyes y su organización blindaron al enorme país contra la agresión
exterior, pero el desconocimiento de las necesidades más íntimas de su propia
gente, el alejamiento y extrañamiento del poder, la excesiva centralización y
verticalismo que apagaron el entusiasmo y la creatividad, la presencia de
privilegios para los dirigentes y funcionarios y la enajenación no superada,
además de errores en la política de las nacionalidades que proclamaba a
destiempo que ya existía un “nuevo pueblo soviético”, minaron por dentro el
socialismo que terminó con su implosión bajo la enorme y múltiple presión del
capitalismo internacional.
Los acuerdos de
Helsinki 1975 habían sido definidos entonces por la URSS como demostración de
la fortaleza de sus posiciones y como reconocimiento jurídico del socialismo.
Pero a la luz de las enseñanzas de la historia cabe preguntarse si las bases de
esos acuerdos podían ser aceptadas desde una perspectiva genuinamente
revolucionaria y si debieron ser discutidas otras bases, sin obviar lo que
debía ser a todas luces rectificado.
Naturalmente,
desde los poderes fácticos nortecéntricos del capitalismo internacional se
aprovechó al máximo lo que estaba ocurriendo presentándolo como la demostración
de la pretensa desnaturalización del ideal socialista y comunista, el fracaso
del marxismo y consecuentemente, la demostración de la perdurabilidad e
inevitabilidad del capitalismo. No es menos cierto que lo iniciado con el
socialismo en un solo país terminó en el reflujo hacia el capitalismo de las
experiencias socialistas. Pero también es cierto que de la mano de la profunda
crisis múltiple del capitalismo se ve un creciente movimiento popular
anticapitalista, un renacer de las ideas socialistas y una relectura activa del
marxismo.
¿Socialismo
en un solo país? (II)
La sociedad cubana
resistió las consecuencias de la desaparición del socialismo en Europa del Este
y la URSS. Los costos materiales y humanos del período especial son de difícil
evaluación, pero es indiscutible que por largos años en los que las ideas
socialistas sufrían un indiscutible reflujo, Cuba las mantuvo el tiempo
suficiente para vivir su renacer, en particular en Latinoamérica y el Caribe.
Ahora bien, si
consideramos la respuesta a la pregunta del título bajo la premisa de un ideal
de socialismo pleno, de algo acabado e irreversible, entonces es obvio que en
la actualidad no es posible a corto o mediano plazo. De hecho cabe pensar que
mientras a escala planetaria no se produzcan transformaciones sociales que
inclinen la balanza a favor de la superación del régimen capitalista, un
socialismo así no es posible, tampoco en Cuba, y su proclamación entusiasta no
es políticamente viable, ya que solo generará críticas porque no es
alcanzable. Siempre he afirmado que el socialismo en Cuba es realidad,
ideal y experimentación y que no hay un modelo predefinido que tenga que
realizarse indefectiblemente.
Reconocido lo
anterior, a la luz de las realidades actuales, la pregunta del título
habría que ampliarla: ¿Si no es posible el socialismo pleno a corto o mediano
plazo, vale la pena seguirlo intentando?
Puede formularse de
otro modo más explícito si se aprecia el problema como el dilema entre
retroceder al capitalismo dependiente o continuar buscando las fórmulas
eficientes para organizar el metabolismo socioeconómico de la sociedad en su
conjunto sobre la base de los principios socialistas (me refiero
básicamente al predominio de la propiedad social sobre los medios de producción
de bienes y servicios, infraestructura y recursos naturales, al papel del
Estado en la organización de la actividad económica, organizativa, política y
cultural del país, al papel de la ideología socialista, de la planificación,
del antiimperialismo, de la política exterior de principios, de la democracia
socialista y participativa).
La respuesta solo
puede ser afirmativa y no simplemente por una elemental reacción motivada
ideológica y políticamente sino básicamente por un balance de costos -
beneficios.
El retroceso al
capitalismo dependiente significaría el regreso al predominio de la propiedad
privada sobre los medios fundamentales de producción de bienes y servicios, la
desaparición del Estado socialista, la población quedaría totalmente a merced
del mercado, sería imposible desarrollar un programa propio de nación que tenga
en cuenta todos sus territorios, que sea equilibrado, amigable con la
naturaleza, justo y que responda a los intereses de las grandes mayorías
ciudadanas, se produciría el retorno a la funesta politiquería y a la
demagogia, sería el deterioro y fin de las políticas sociales, el incremento
exponencial de las diferencias sociales, la fragmentación acelerada de la
sociedad, la mercantilización de la educación y de la salud pública, la
desprotección de la niñez y de la tercera edad, la desaparición de los planes
de desarrollo científico y tecnológico convenientes y necesarios para el país,
el incremento de la mortalidad infantil y materna, el debilitamiento y
desaparición del sistema de la defensa civil contra los desastres naturales y
el papel del Estado en la recuperación, la deformación y corrupción de los
medios de comunicación, la imposibilidad de defender los recursos naturales, de
evitar el deterioro del medio ambiente, los crecientes obstáculos
para proteger y desarrollar la identidad cultural que se verá a merced de
los patrones del capitalismo tardío y del pensamiento único, el incremento del
delito y de su peligrosidad, de la corrupción en todos los órdenes, de las
mafias, de la drogadicción, el acrecentamiento del individualismo
y del egoísmo, la pérdida de la tranquilidad ciudadana, el debilitamiento
y desaparición de las colaboraciones internacionalistas cubanas, un
debilitamiento del proceso de integración regional, habría un enorme retroceso
ético, la lista de costos sería interminable.
Los eventuales
beneficios, no podrán estimarse como los vemos en la sociedad cubana, porque el
concepto mismo de beneficio se vincula hoy en Cuba con la equidad y la justicia
social. El mismo concepto de bienestar estaría entre los principales costos.
Los primeros
aprovechados de un retroceso al capitalismo dependiente serían las
transnacionales, el imperialismo norteamericano y sus servidores, los
explotadores, los anexionistas, y los que se ubiquen como minoría privilegiada
a costa de las grandes mayorías. El sueño de una acrecida clase media en
un país subdesarrollado y dependiente en manos de las transnacionales es solo
eso: un sueño. Entre los probables beneficios estaría la desaparición del
bloqueo económico de los EEUU, pero ello servirá ante todo a quienes en tales
circunstancias tengan la propiedad sobre los medios fundamentales de producción
y servicios, al pueblo llano llegarían las migajas, como ocurría antes de 1959.
Por eso, cuando la
finalidad estratégica de la liberación social se ve amenazada mortalmente por
la acción violenta de la contrarrevolución, la defensa de esa finalidad
liberadora solo puede mantenerse con la vigilancia necesaria y la acción
revolucionaria en la confrontación clasista, lo que se expresará en las
acciones del Estado, las leyes y la ciudadanía participativa.
Una lógica elemental
indica que para Cuba, donde el poder político responde a los intereses de las
grandes mayorías, y las instituciones políticas, ciertamente requeridas de
modernización, están vigentes y mantienen sus potencialidades, y donde están vigentes
las políticas sociales fundamentales, el dilema verdadero no es si retroceder
al capitalismo o continuar el rumbo socialista, sino cómo continuar la
orientación socialista, como contrarrestar la influencia del capitalismo,
alejarse sistemáticamente de él, de sus múltiples redes y tentáculos, y
cómo atemperar los ideales a las posibilidades, cómo reorganizar el metabolismo
socioeconómico para que estimule la reproducción de la iniciativa y la
creatividad en todos los órdenes de la vida social, como profundizar la
democratización de la sociedad, o sea, cómo asegurar el derecho de las
grandes mayorías ciudadanas a participar y decidir, cómo movilizar las
potencialidades productivas del país y aprovecharlas en favor de las grandes
mayorías ciudadanas.
De nuevo
sobre la ciencia del comunismo
Si no fuera tan a
menudo subestimada no sería necesario reiterar que la construcción del
socialismo requiere de teoría. El camino socialista no es solamente un ideal,
una ciencia y el movimiento real, es también en el caso de un país como Cuba
una mediación eficiente para el desarrollo económico a la vez que para aprender
el nuevo modo de vida. Pero cada paso debe responder a una concepción integral
desarrollada sobre bases sólidas que tenga en cuenta las variables necesarias.
La sociedad cubana
que ha vivido una experiencia única a partir de la segunda mitad del siglo
pasado está todavía lejos de alcanzar las condiciones materiales y espirituales
que la califiquen para poder definirla como una sociedad socialista plena. La
política de la revolución es socialista, el poder es del pueblo, el ideal es
socialista y hay importantes características socialistas en el país, Cuba es
socialista, pero en Cuba no hay un socialismo pleno.
Ha quedado bien claro
que no basta con el acto jurídico-político de suprimir la propiedad sobre los
medios de producción de bienes y servicios para que estos sigan después
produciendo con eficiencia, luego de lo cual se organizaría una distribución
con justicia del producto social.
Con ese acto jurídico-político
se corta de raíz una relación (importante, sí, pero no única) del metabolismo
socioeconómico hasta entonces en curso: la relativa al derecho del capitalista
a la propiedad, a la explotación del trabajo ajeno y a las ganancias que
representa la plusvalía que obtiene, pero quedan otras realidades, cuya
superación no es ni puede ser igual de rápida, sino lenta y gradual, se
configurará una situación nueva, inédita, cuya observación y seguimiento
necesita de estudio sistemático y enfoque teórico conceptual, para anular la
improvisación y aminorar en lo posible el error.
El cambio es de tal
envergadura que toca prácticamente toda la vida de la sociedad, lo que hace
imposible describir la infinitud de su alcance y manifestaciones. Basta señalar
que los nuevos dueños colectivos nunca aprendieron antes a organizar la
producción, manejar la economía, el control, la contabilidad, tomar decisiones,
que surgen ahora nuevas realidades como lo tocante a las motivaciones para
producir, el desafío que plantea un nuevo modo de distribución del producto
social, que habrá hostilidad política del capital internacional, por solo
señalar algunos temas que considero relevantes.
No solo la
complejidad del mundo hoy en crisis, sino y fundamentalmente el hecho de las insuficiencias
del desarrollo del país, a lo que se suma el bloqueo norteamericano, hablan a
todas luces de un largo camino en Cuba con una economía mixta, en la que
participarán formas diversas de propiedad, que irán desde la propiedad social
gestionada por el Estado, hasta la pequeña propiedad privada, pasando por las
asociaciones, las cooperativas, las empresas mixtas y algunos emprendimientos
con un 100% de capital privado extranjero.
Lo anterior significa
que el sistema de dirección de la economía que cobijará esa complejidad tiene
que articular la propiedad social socialista que es y será predominante y los
restantes tipos complementarios de propiedad y estructurarlas en sistema.
La eficiencia en la
planificación que haga el balance de la economía nacional está en el
reconocimiento de los diferentes tipos y formas de propiedad, por lo que la
planificación y el control que desarrolle el sistema de regulación del
metabolismo socioeconómico de la sociedad cubana en transición socialista
deberán responder a una estructura de subsistemas de características
diferenciadas, articulados por el Estado.
Dos elementos son
esenciales en esas circunstancias: uno estriba en que si bien la propiedad
privada grande, mediana o pequeña tendrá una influencia en la economía y a
través de ella también en la subjetividad de la sociedad, donde no tendrá
influencia alguna es en lo tocante al poder político, ese que ha sido
conquistado y defendido por el pueblo trabajador y que es garantía de la
transición socialista, el otro elemento se refiere a la Constitución y leyes
del Estado Socialista, que conforman las bases del ordenamiento jurídico de la
coexistencia de diferentes tipos y formas de propiedad, las cuales se
constituyen con arreglo a la juridicidad establecida, encargada de asegurar el
derecho, desigual como todo derecho, que garantice el espacio a los diferentes
tipos de propiedad y, a la vez, la legalidad que asegure los derechos
fundamentales de todos los ciudadanos y ciudadanas del país.
Por ello, es
fundamental que la teoría del socialismo de cuenta especialmente de la
correlación entre el metabolismo socioeconómico y la educación, la formación
cívica, ética, política y jurídica que encarnan los valores de la ideología
revolucionaria socialista.
Cuando afirmamos arriba
que la sociedad cubana no tiene aún las condiciones materiales y espirituales
para un socialismo pleno, nos estamos refiriendo en lo material al desarrollo
económico-productivo, tecnológico, científico, a la infraestructura del país;
cuando hablamos de las condiciones espirituales, subjetivas, nos referimos
principalmente a la persistencia de la psicología de intercambio de
equivalentes y al menoscabo del trabajo como valor por la pérdida de sentido
del valor del trabajo que se ha producido como resultado de no haber tenido en
cuenta esa psicología, algo ahora agravado por el hábito perverso de “resolver”
las necesidades individuales a costa de los recursos que pertenecen a todos los
ciudadanos, pero también unos individuos a costa de otros.
En la larga
transición socialista no puede desconocerse el interés individual, so pena de
que este se mimetice y realice de las más diversas formas irregulares.
Recordemos que Lenin calificaba las primas, en tanto estímulo material a los
trabajadores, como una práctica insoslayable en la transición y cuya
eliminación solo podía imaginarse en el futuro comunista.[6]
Hay quien sostiene la
idea que la liberación real del hombre (puede leerse el socialismo pleno y
el comunismo) requiere tanto de un elevado desarrollo de las fuerzas
productivas, como de un proceso internacional de transformaciones que la
respalde.
Ciertamente los
efectos negativos sociales de las diferencias inobjetablemente existentes serán
contrarrestados por un nivel razonable de suficiencia productiva, que puede
traducirse como una abundancia vista racionalmente, pero incluso esta está
comprometida hoy de modo puede decirse trágico por la criminal depredación de
los recursos de la naturaleza gracias a la lógica absurda del capitalismo
tardío. Sin educación, sin formación, sin ética, sin ideología será imposible
organizar la vida humana actual y futura sobre nuevas bases, no solo porque el
edificio del socialismo no puede construirse con la arquitectura capitalista
fundada en la creación de necesidades artificiales, el consumismo y el afán de
lucro a cualquier costo -si bien requiere hoy de elementos de su
ingeniería-, sino porque los recursos serán cada vez más escasos, el medio
ambiente está más resentido y amenazado catastróficamente y será imprescindible
un nuevo concepto de bienestar y de felicidad, que se fundamenta en un consumo
racional, responsable y saludable.
Aun necesitada de las
relaciones mercantiles la sociedad en transición socialista tiene que prestar
atención prioritaria a contrarrestar las relaciones humanas mediadas por las
mercancías y hacerlas cada vez más directas, mediadas por los valores
socialistas[7],
relaciones humanas en el más cabal sentido de la palabra.
En cuanto a las
condiciones internacionales propicias para un socialismo pleno, no hay manera
de predecir cuándo se producirán, pero aun en las actuales condiciones el
socialismo imperfecto, inacabado, es incomparablemente más humano que el
capitalismo.
El desarrollo de una
teoría eficiente de la construcción socialista requiere de integrar
armoniosamente a los seres humanos entre sí y a estos con la naturaleza y eso
es algo que no puede lograrse solamente con medidas económicas; son
imprescindibles la ideología y la política, la ética, la educación.
El comunismo
como ideología
La superación del
capitalismo es la transición socialista y este objetivo es imposible sin la
ideología socialista y comunista. La transición socialista vista como actividad
humana, como práctica, es un proceso consciente en el que los ciudadanos, los
grupos, organizaciones, instituciones de la sociedad que de conjunto articulan
el sujeto del cambio, adoptan –en diferentes grados y formas- una actitud
correspondiente en general con los objetivos consensuados. La acción coherente,
cohesionada del sujeto social múltiple, articulado y naturalmente diverso es
funcional al cambio porque la base de la sociedad reproduce intereses
compartidos, las estructuras políticas y jurídicas los amparan y el sistema de
ideales, objetivos, conceptos, valores socialistas y comunistas articulan al
sujeto múltiple en su diversidad y diferencias y es el fundamento del programa
de acción en lo económico, lo organizativo, lo jurídico, lo político, lo
social, lo cultural.
El papel de la
ideología es consustancial al propio cambio. El proceso de surgimiento y
desarrollo de la ideología revolucionaria se produce por ser una necesidad de
la actividad humana consciente. Los valores revolucionarios nacen en el
proceso de liberación humana y experimentan una sinergia que los identifica,
articula y finalmente sistematiza. Una vez que la sociedad reconoce y estudia
su existencia y desarrollo en tanto sistema funcional a los propósitos
revolucionarios de liberación social, la ideología revolucionaria deviene
poderoso instrumento de educación, orientación, articulación de voluntades,
organización, cuya negación a ultranza debilita y puede anular el desarrollo de
la transición.
El estudio de sus
cambios, es imprescindible para que ella mantenga su funcionalidad como
instrumento de las transformaciones revolucionarias. El estudio de la ideología
revolucionaria, de su génesis, contenido, desarrollo, regularidades, papel
social, etc. pasa a ser objeto de la actividad científica, y forma parte del
saber necesario para el desarrollo de una teoría de la transición socialista en
Cuba.
Soy
comunista, toda la vida...
Así cantaban los
guerrilleros italianos y los comunistas de todo el mundo en unos años en el que
cundía un enardecimiento que presagiaba un impulso histórico al ideal
comunista, la canción decía también “...y comunista he de morir”. Luego
reapareció en Cuba a principios de la década del 60 del pasado siglo
y después en el 68 parisino Pareciera que el epílogo de la revolución de
octubre acabó con aquel entusiasmo, pero ahora una multitud de nuevos fantasmas
comunistas está recorriendo el mundo, los reproduce la quiebra inevitable del
capitalismo, su incapacidad para escapar de sus contradicciones y tragedias, su
fatal ilusión de la eternidad, el mito de la salvación tecnológica del sistema.
Solo si no se logran
ver los síntomas de su bancarrota histórica puede calificarse de triunfalista o
de pura utopía el párrafo anterior. No lo es porque la profunda crisis múltiple
del sistema es cierta y porque no se asignan plazos a priori, ni se definen
pasos predeterminados para los cambios, algo que sería pura especulación. Lo
que sí es a todas luces visible es que con los gigantescos recursos empleados
en la propaganda pro capitalista, en la guerra cultural, si bien han
logrado obstaculizar el avance de la historia, no han logrado el milagro de
evitarlo.
Ahora bien, no se
habla aquí del comunismo como de un esquema de algo que tiene que producirse de
un modo dado, inevitablemente, o como la doctrina política de una organización,
de un partido, sino como lo reiterado por Álvaro García Linera, el movimiento
real que supera lo existente, un proceso en el que las ideas y la teoría
jugarán su papel junto con los acontecimientos y la acción consciente. Y es
hora de la ofensiva socialista.
[1]
Licenciado en Ciencias Políticas, Diplomado en Teoría del Proceso Ideológico,
Doctor en Ciencias Filosóficas, Profesor e Investigador titular del Instituto
Internacional de Periodismo José Martí donde preside la cátedra de Periodismo
de Investigación y es vicepresidente de la cátedra de Comunicación y Sociedad.
[2]
Isabel Rauber, “Revoluciones desde abajo. Gobiernos populares y cambio social
en Latinoamérica”, Ediciones Continente, Buenos Aires, 2012.
[3]
Ignacio Ramonet, “Cien horas con Fidel”, Oficina de Publicaciones del Consejo
de Estado, La Habana, 2006, p. 153.
[4]
Podrían reconocerse los grupos siguientes: los que tenían mayor cercanía a la
literatura marxista, leyeron parte importante de su obra y conocieron sus
diferentes aspectos históricos y lógicos, los que tenían acceso a esa
literatura y además conocieron la experiencia socialista de la URSS y otros
países socialistas, los militantes del Partido Socialista Popular,
simpatizantes, líderes obreros, que recibían las ideas en forma de programas
políticos, crónicas y análisis hechos por los anteriores, los que tenían alguna
lejana noción de lo que era el socialismo y el comunismo, los que ganados por
la propaganda anticomunista y la demonización del socialismo y el comunismo,
rechazaban estas ideas, etc.
[5]
Por ejemplo los efectos medioambientales el desarrollo de la URSS han sido
grandes, pero en aquellos años los estudios ecológicos apenas mostraban algunos
avances.
[6]
“Aún cuando nuestro objetivo final sea lograr la igualdad de remuneración para
todo trabajo y el comunismo integral, no podemos proponernos de manera alguna
implantar esta igualdad de inmediato en el momento presente, en que damos nada
más que los primeros pasos para la transición del capitalismo al comunismo. De
aquí que sea necesario mantener durante cierto tiempo una más elevada
remuneración para los especialistas, para que puedan trabajar mejor, y no peor
que antes, y por la misma razón tampoco podemos renunciar al sistema de primas
para el trabajo más eficiente, en especial en el trabajo organizativo; las
primas serán inadmisibles en el sistema del comunismo completo, pero en el
período de transición del capitalismo al comunismo no es posible prescindir de
las primas como lo atestiguan la teoría y la experiencia de un año de Poder
soviético.” (V. I. Lenin, OC en 55 tomos, Editorial Progreso, Moscú, 1986, T.
38, pp. 106-107.)
[7]
En otros trabajos he tratado con amplitud este cambio, aquí solo anoto que si
bien en la transición socialista, las mercancías tienen características
diferentes, estas se siguen produciendo, solo que el valor de uso de estas pasa
a ser la finalidad principal de su producción, no las ganancias, aunque estas
últimas juegan un papel regulador en el metabolismo socioeconómico.
Fuente Aporrea
Etiquetas:
Comunismo,
CUBA,
Darío L. Machado Rodríguez
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